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20/12/20

Recuerdo encendido de Manzanares en su paso por Caracas

Tentadero en Tarapío entre dos históricos; Manzanares, en el inicio de su consagración, Antoñete, consagrado / Foto Malpica



por: Víctor José López EL VITO

La noticia de la muerte de José Mari Manzanares llegó estruendosa, en medio del silencio de la mañana temprana de un martes. Llegó, insolente y desquiciante, convertida en remolinillo de brisas encontradas. Lo hizo revoloteando sobre la hojarasca de los recuerdos.

Fue un torero grandioso, Manzanares. De los artistas los tocados por la varita de los duendes. Uno de esos seres que nació para ser torero. Más bien maestro del toreo. Figura para la historia, referencia permanente un personaje que llenó de arte y de torería su momento.

Alfredo Sadel, el cantor venezolano fue en Venezuela fue el primer "manzanarista", entre los aficionados entendidos. Una tarde, conversando de toros con "el tenor favorito", nos preguntaba quién era "ése Manzanares", anunciado para las corridas de la temporada de Caracas. Le contamos haberlo visto en Quitanar de la Orden, con una difícil y muy dura corrida del Conde de Ruiseñada, y le expliqué al ídolo de la canción el porqué nuestra admiración por el rubio alicantino, lo que el consideró una exageración.

Mi testimonio nació una tarde en Quintanar. Lo hizo en medio de la extensa meseta castellana, en un cartel que compartió cartel con el maestro Eloy Cavazos. A pesar de lo correoso de los toros del Conde, el sello de los elegidos afloró en la piel del alicantino.

El 24 de octubre de 1975, hace 39 años exactos, fue la tarde del debut de José María Manzanares en Caracas. Tarde de toros caraqueña, tarde de temporada en el Nuevo Circo y con Pedro Gutiérrez Moya "El Capea" y Rafael Ponzo. Se lidiaron magníficos toros de don Javier Garfias. Magníficos para el torero de Alicante para el salmantino Pedro Gutiérrez, que además de cortarle las orejas a los Garfias marcaron el primero de los pasos que cubrieron un larguísimo camino por las plazas de Venezuela.

Fueron rivales genuinos y auténticos en los ruedos. Francisco Rivera "Paquirri" completó la terna del cartel de la época. Con los tres ases vivimos los venezolanos momentos históricos de la fiesta de los toros, alimentada por la rivalidad entre Paquirri y El Capea. Participaban Manolo Martínez por México junto a Eloy Cavazos y Venezuela representada por el gran Curro Girón.

Inolvidable, en lo personal aquella tarde en San Cristóbal, corrida de toros de Javier Garfias, cuajada de arte de Manzanares en faena preciosa a un gran toro de amelocotonada capa, con el que armó la marimorena. Luego de los honores recibidos en el ruedo con aclamación del público, el banderillero Rafael Corbelle, de la cuadrilla de Manzanares, retó a Pedro Gutiérrez con " el que venga atrás que arree". El Capea recibió al toro en los medios, verónicas convertidas en adoquines en la construcción de la faena soñada, que remató el de Salamanca con soberbia estocada. Le concedieron el rabo a El Capea, en respuesta de las orejas de José Mari.

También, entre muchas oportunidades, tuvimos la fortuna de ser testigos en la Monumental de Las Ventas de su apoteosis profesional. Vimos la faena junto al maestro Fermín Espinosa “Armillita chico", quien nos comentó:" Nunca creí que vería torear tan bonito, como lo he visto a Manzanares hoy". Fue larde de mayo de 1993, y el toro de la ganadería de Manolo González.

Era una época única e irrepetible en Venezuela, cuando Manzanares formaba parte de la tertulia de Cuchilleros en casa de los hermanos Pedro y Juan Campuzano. Cada martes se daban cita en la Esquina de Candilito maestros del toreo como Antoñete, Manolo Escudero, Juan Silveti, Curro Girón en una tertulia reseñada cada semana en las páginas de Meridiano con el nombre de "Los amigos del toro".

Se ha ido un grande que con una pincelada era capaz de catequizar exigentes aficionados como lo hizo con Alfredo Sadel. Un grande del arte más exquisito que escribió con tinta de pasión su paso por Caracas, Mérida, San Cristóbal y muy en especial por Valencia, la plaza que le hizo suyo en honor a la expresión de su exquisito arte.

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