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17/12/19

Lihuvaneska Fandiño: “lo taurino me viene a mí”

Lihuvaneska Fandiño, anhela hacerse profesional del toro - Foto GC.

por: Giovanni Cegarra – Mérida/Venezuela




La afición se engrandece más, cuando se topa uno, en estos abaratares difíciles de nuestra Fiesta Brava, a niños, niñas y adolescentes, que de pequeños, por arraigo familiar, llevan sembrado dentro de su humanidad, el gusanillo taurino, que les despierta el apetito de convertirse en toreros, “si Dios me lo permite” como así nos lo expresa, la Lihuvaneska Fandiño, quien se instruye en lo del toro, en la Plaza de Toros Monumental “Román Eduardo Sandia” de Mérida, Municipio Libertador del Estado Mérida, en el occidente venezolano.


Lihuvaneska, segura de sí y de lo que dice, manifiesta que su novel afición le nace de la guía de su hoy extinto abuelo, Omar y de su padre, Jesús Omar Fandiño, quienes le han dado todo el apoyo y respaldo en sus intenciones de aprender del arte del toreo en el coso merideño, de la mano educadora del extinto Alonso Valero y hoy día, del Maestro Mauro Pereira, codeándose con los novilleros ya veteranos y matadores de toros andinos.
Lihuvaneska en pleno aprendizaje y entrenamiento - Fotos GC.
“Estudio y toreo, hago tiempo para ello, lo taurino viene en mí desde pequeñita, me gustan los toros, si Dios me lo permite, he de ser torera algún día”, asegura la pequeña Fandiño, con esa pasión y afición que se refleja en su rostro, cuando habla con una seguridad increíble, contar como se llevó su primera voltereta de una vaquilla de “Los Ramírez”, contar sus vivencias con sus compañeritos de Escuela.


Indudablemente, que Lihuvaneska Fandiño, es el claro ejemplo, prueba fehaciente, de que las corridas de toros, la Fiesta Brava en sí, no genera trauma y daño psíquico alguno, en los niños (as), como algunos pretenden hacerlo ver. Da gusto verla en la arena de la “Román Eduardo Sandia” como entrena, muestra porte y figura, cuando toma en sus manos el capote y la muleta, enseña lo que ya sabe a otros, es fiel evidencia de que poder es querer, ella quiere ser torera, su ilusión, afición, pasión, le conducirán a lograrlo algún día, “con la ayuda de Dios”, como bien ella lo dice.


Esta novel alumna en lo del toro, representa el renacer e impulso, en estos tiempos difíciles, de nuestra Fiesta Brava, es parte de la generación de relevo, reafirmando el “sí a los niños a los toros” como bien quedó refrendado en el recién I Encuentro Taurino Infantil que tuvo lugar en la Monumental de Mérida, excelente iniciativa del buen aficionado taurino Carlos Rosales, miembro de la Comisión Taurina Municipal, actividad ésta que nos dio la hermosa oportunidad de intercambiar conversa con la pequeña Lihuvaneska Fandiño, va por ella y olé.


Tomado de antolincastro.opinionytoros.com











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