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3/11/19

Nuestro toro de lidia y su cría

Recordamos parte de la ponencia para un Congreso Mundial, sobre La Cría del Toro de Lidia en el Trópico Cálido, de uno de nuestros más connotados aficionados y expertos en la materia: El Doctor Alberto Ramírez Avendaño. Foto: Jesús Ramírez El Tato.

Columna: RETAZOS TAURINOS (LXVIII)

por: Eduardo Soto Alvarez.

= Dando un vistazo a algunas publicaciones españolas sobre toros de hace veinticinco años, me encontré con una ponencia para un Congreso Mundial, que trataba sobre La Cría del Toro de Lidia en el Trópico Cálido, de uno de nuestros más connotados aficionados y expertos en la materia: El Doctor Alberto Ramírez Avendaño. Con su venia, procedo a entresacar algunas informaciones de interés particular para los aficionados de nuestro país.

En 1894, llegó a Caracas el primer toro español selecto: Generoso, de Don Eduardo Miura y quien lo trajo fue Diego Prieto, Cuatrodedos. Pero solo a partir de 1920, se empezó a cruzar vacas criollas con toros de ganaderías españolas como Veragua, Olea y Antonio Guerra; posteriormente, en la Hacienda La Providencia se empezó a hacerlo de manera más organizada, con ejemplares de Gamero Cívico y Campos Fuentes.

Pero la cría especializada de toros de lidia en Venezuela, se inicia en 1933, al importar los Gómez Nuñez, 104 vacas y 10 sementales de la ganadería de los Hermanos Pallarés, de Cabra, municipio cordobés ubicado en el centro geográfico de Andalucia.

En 1934, la presentación de Chicuelo en Maracay, frente al toro Carpintero de Antonio Pérez de San Fernando, creó nuevas expectativas e impuso la necesidad de importar encierros, inicialmente de España, luego de México y Colombia, lo que significó el advenimiento del toreo moderno en nuestro país.


= Por cierto, Cuatrodedos fue un torero sevillano de Coria del Rio, cuyo apodo se debió a la particular conformación de su mano derecha. No triunfó en España, pues lo tocó una época de grandes figuras, pero le fue mejor en América y toreó desde Montevideo hasta México, donde se residenció. A principios de los noventa, se retiró de los ruedos y se dedicó a negocios ligados con la Fiesta Brava.

Diego Prieto, se había iniciado con mal pie en Madrid, al confirmar su alternativa en 1883, cuando Francisco Arjona Reyes, Currito, rompiendo la práctica establecida, se negó a cederle el primer toro. Pero lo más curioso, es que había sido el mismísimo matador, quien le había cedido los trastos en Sevilla el año anterior. Además, Currito era de la capital e hijo de un celebérrimo madrileño: Francisco Arjona Herrera, Cúchares.


= Cuando se indulta un toro, se presume que el ganadero lo va a dedicar semental. Sin embargo, existe una anécdota de Atanasio Fernández que indica lo contrario. A mediados de los cincuenta, participó en una corrida concurso en Salamanca y su toro fue indultado, pero el ganadero no se lo echó a sus vacas, sino que al poco tiempo lo vendió. Al preguntársele por qué lo hacía respondió: A mis sementales los escojo yo en mi casa y no el público en la plaza.

A Don Ata, se le concía como El Zorro de Campocerrado, nombre de su finca salmantina, que transformó en un auténtico laboratorio de alquimia taurina, hasta lograr un tipo de toro que destacaba por su nobleza y clase, con el cual triunfó en los principales ruedos de España.

Su ganadería debutó con éxito en Las Ventas, cuando Diego Mazquiarán, Fortuna, le cortó las orejas a Gamito en 1934; y Palomo Linares le cercenó a Cigarrón en 1972, el ultimo rabo otorgado en la plaza, el cual no estuvo exento de polémica. Pues, no obstante la buena faena, de la gran estocada, a un burel que mereció la vuelta al ruedo, los puristas a ultranza consideraron que no lo merecía, porque habia sido entrampillado, es decir que el toro lo había prendido e interceptado su salida de la suerte suprema.


= Hay una anécdota de Manolete, que resalta el pundonor de la gran figura del toreo. Resulta que habiendo triunfado en las principales plazas de España, se presentó en una no de mucho peso; la gente de su entorno le aconsejó prudencia y alguién le dijo: Recuerda Manuel que estamos en un pueblo.; El Monstruo replicó de inmediato: aquí también han pagado por verme torear. Manolete fue fiel a este principio hasta su final, el cual encontró en un coso de segunda categoría, al entrar a matar con tal despaciosidad que se produjo el percance mortal y el coso de Linares adquirió notoriedad mundial.

Eduardo Soto Alvarez.

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