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24/9/19

Las Ganderías de Lidia en la historia

El Duque de Veragua es el que más toros célebres tiene en la lista del Primer Tomo de Cossío. Oleo: Mirarte

Columna: RETAZOS TAURINOS (LXIV)

por: Eduardo Soto Alvarez



• Francisco Arjona Guillén, nació en Madrid, pero desde niño vivió en Sevilla, donde su padre, el banderillero Manuel Arjona, Costuras, regentaba el matadero, allí empezaron a llamarlo por el mote que lo haría famoso.

Cúchares derrochaba gracia en sus faenas, triunfó como torero, se metió a ganadero y en cierta ocasión le dijo al Duque de Veragua: Ahora va usted a saber lo que es criar toros buenos. El noble, escéptico, le dijo: Desengáñate Curro, que las guitarras nunca las hacen los músicos.

El tiempo dio la razón al Duque, pues la ganadería de Cúchares fue efímera, se la compró al Marqués de la Conquista en 1861, para tener que venderla dos años más tarde. Francisco fue contratado para torear en Cuba en 1868, a la sazón quizás el principal país taurino de América (hoy no tiene ningún coso), pero pereció en la isla víctima del vómito negro, como se conocía entonces la fiebre amarilla, cuando apenas rozaba el medio siglo.

• Por cierto, el Duque de Veragua es el que más toros célebres tiene en la lista del Primer Tomo de Cossío, conformada por 1427 bureles de 237 ganaderías. Estas estadísticas no dejan de ser interesantes, a pesar de tener más de siete décadas de antigüedad.
Las ganaderías españolas con más de treinta toros célebres, empiezan con Aleas y Vicente Martínez, que tienen 31 cada una, luego sigue el Marqués de Saltillo con 43, Pérez de la Concha con 44, Miura con 66 y culminan con la de Veragua que tiene 83 toros célebres, como su propietario el famoso Duque descendiente de Colón.

• De América figuran en el listado solo seis ganaderías mexicanas: Atenco y Santín con un toro cada una; con dos ejemplares, San Diego de los Padres, Piedras Negras y La Laguna; y curiosamente con tres toros aparece Rafael Barbabosa, posiblemente la menos conocida.

• De las portuguesas, la primera es Palha con cuatro toros célebres, Pineiro y Netto Revello con dos y la ganadería de Gama con uno.

• Con mi apellido y siendo tovareño, a nadie puede extrañar que incluya en estos comentarios sobre ganaderías, al hierro cordobés de Don Florentino Sotomayor, que incorporó cinco toros a la lista de ejemplares célebres y al del Duque de Tovar de igual contribución, entre ellos Almejito, presentado en una corrida concurso de ganaderías en San Sebastián en 1928, siendo galardonado por su bravura con el Toro de Oro.

Curiosamente, Víctor López, El Vito, dedica su interesante libro Fragua de Toreros, a los descendientes de Almejito, pero no he podido conocer la razón de tal dedicatoria.

• Los nombres más utilizados son Gitano, Baratero, Escribano y Jocinero. De los últimos, sin duda el más famoso, es el Miura que en 1862, mató a José Rodríguez, Pepete, de una cornada en el corazón, al hacerle un quite al picador Antonio Calderón, que había sufrido una caída de latiguillo. El toro había tomado 16 varas, propinado puntazo a un banderillero y achuchado a Cayetano Sanz, quien lo despachó de dos pinchazos y un par de volapiés.

• Pero uno de los ejemplares más representativo de la bravura de un toro de lidia, ha sido Jaquetón del Cura de Solís, jugado en Madrid en 1887. No tenía lámina espectacular, era cárdeno, chorreado, cornicorto y más bien escurrido de carnes, pero arremetió desde el principio contra las cabalgaduras y tomó nueve varas, siempre con brío y apretando, hasta que un caballo moribundo le di una coz en el testuz, lo conmocionó y empezó a convulsionar.
El público, que había seguido con entusiasmo su pelea en el primer tercio, se opuso a que continuara la lidia, pidió su indulto, fue concedido, pero Jaquetón no pudo seguir a los cabestros y tuvo que ser apuntillado en el ruedo.
Al toro lo habían masacrado en la pica, pero su bravura le impedía dejar de acometer, admirable pues el examen post mortem reveló que tenía un pulmón destrozado.

• Se dice que una caída es de latiguillo, cuando la violenta embestida del toro contra el caballo, da con el Picador en la arena y queda desprotegido alejado del equino; y un picador barrena cuando introduce la puya en el cuerpo del toro y revuelve la vara para hacerla penetrar todavía más, sin que inicie de nuevo la suerte.

Eduardo Soto Alvarez.
22/09/2019.

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