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9/9/18

La nueva dimensión de César Valencia

Una actuación redonda que pudo ser más abultada en trofeos de no fallar con la espada. Foto: Federico Montes

por: Víctor Ramírez “Vitico”

César Valencia demostró en el cierre de la feria de Tovar una nueva dimensión, es un diestro que a pesar de torear poco ha evolucionado, lo cual dejó muy claro en una actuación redonda que pudo ser más abultada en trofeos de no fallar con la espada en su segundo astado, mientras que precisamente la contundencia con el acero le puso a Pérez Mota en sus manos una oreja. Tomás Martínez tuvo amellada su espada y dejó ir un trofeo en el quinto.

La tarde tuvo sus matices, con una corrida de Rancho Grande que tenía sus resortes precisos, entre otros pidió a los toreros oficio, colocación, conocimiento de los terrenos, sitio en pocas palabras.

Pérez Mota estuvo profesional y entregado, al primero le toreó bien, con gusto y temple en varias series en las que cuajó muletazos largos y con clase. Es un diestro que compone bien la figura y destaca en los pases de pecho, que son largos y estéticos. Perdió al menos una oreja al matar de entera que escupió y dos descabellos.

Al cuarto, cortito de cuello, el español le ligó dos buenas series de muletazos por el pitón derecho, pero al sentirse podido, el astado se refugió en tablas y la faena literalmente entró en modo apagado. Una contundente estocada propició el corte de un trofeo, haciendo bueno el dicho de que una buena estocada bien vale una oreja.

Regaló un sobrero de El Prado, con el que tras no pasar de discreto con el capote, invitó a banderillear a Rafael Orellana y Daniel Luque, espectadores en el callejón. Luque clavó un gran par, Orellana uno en dos tiempos, primero un solo palo y luego al violín y Pérez Mota fue arrollado por el bajo vientre, sin consecuencias. La faena tuvo algún que otro muletazo con clase y gusto, pero no pasó de la buena voluntad.

Tomás Martínez se las vio en primer lugar con un toro encastado y complicado, pues había que ganarle o perderle pasos dependiendo de los terrenos, es decir un animal exigente. Se fue a portagayola en un alarde de valor pues de espaldas a la puerta de chiqueros, el torero lo libró con una limpia tafallera. Demostró en ese trance nervios de acero. La faena fue voluntariosa, buscando los ajustes de tiempos y colocación, tratando Martínez de ligar los muletazos, alguno de los cuales le salió limpio. El toro, que no perdonaba fallos, hacía hilo poniendo en aprietos al matador que falló con el descabello.

Se resarció Martínez con el quinto, en una faena digna, con varias series de buen corte, enganchando por delante las embestidas, llevándole largo y rematando con un buen juego de muñeca. Varios derechazos y naturales fueron buenos de verdad y el trasteo llegó a su cénit con dos toreadísimos circulares, uno de los cuales ligó a un cambio de manos precioso. Tras ceñidas manoletinas colocó media delantera que no hizo efecto, por lo que el diestro recurrió al descabello, fallando, lo cual le hizo perder la oreja. Saludó una ovación.

Lidió el segundo sobrero de la larga corrida, un toro difícil que le exigió mucho sitio. Tomás, voluntarioso y entregado le cuajó varios muletazos con clase, pero el astado reponía y en un momento en que el torero le abrió la luz se le coló pegándole una voltereta. De nuevo falló con los aceros.

Fresco y animoso, César Valencia le cortó las dos orejas al tercero, al que recibió con un farol a portagayola y una apuradísima larga cambiada ya en el tercio saliendo arrollado. Tras un discreto tercio de banderillas, en el que destacó el tercer par, Valencia abrió con dos péndulos que encendieron la mecha torero-público. Se dio a torear el joven diestro de dinastía, ligando varias series de buenos muletazos, algunos cortitos pero componiendo bien la figura, erguido, baja la mano que torea, caída con naturalidad la otra. Cuajó por ambos pitones a un noble toro, al que mató de una estocada en dos tiempos, ya que lo que parecía un pinchazo se convirtió en espadazo al quedarse el torero en la cara y ahondar el acero. Con el sexto revivió la suerte que su tío Bernardo tanto popularizara, el “par de la silla” con las cortas, que llevó al público a la euforia. Con suaves pases por alto abrió el trasteo, en el que destacó por la raza que le puso al asunto. Si con el tercero fue un torero asentado, con éste fue el diestro animoso que liga los pases con alegría y entrega, toreando bien claro está, pero echándole más carbón al asunto. Una buena combinación. La espada esta vez no fue su aliada.


FICHA DE LA CORRIDA

Plaza de toros de Tovar

Domingo 9 de septiembre 2018.

Tercera corrida de feria.

Media entrada en tarde fresca.

Seis toros de Rancho Grande, desiguales de presentación, encastados en conjunto. Noble el primero, bravos tercero y sexto. Complicado el segundo, noble el qunto, rajado el cuarto. En séptimo turno uno de El Prado, que cumplió y en octavo lugar otro de Rancho Grande, complicado.

Pesos: 425,425,425,435,425,425,427 y 425 kilos.

Pérez Mota, de verde esmeralda y oro: Silencio, oreja y palmas.

Tomás Martínez, de nazareno en terciopelo y azabache: Silencio tras aviso, saludos tras aviso y silencio tras aviso.

César Valencia, de nazareno y oro: Dos orejas y saludos. Salió a hombros.

INCIDENCIAS:
Tomás Martinez vistió en azabache en señal de duelo por don Ricardo Mencía y Kike Rosales.

César Valencia brindó por una emisora de radio su faena a la memoria de Kike Rosales.

En las cuadrillas destacaron en la brega Gerson Guerrero, Eduardo Graterol, Marcos Peña “El Pino” y Juan Contreras. En banderillas Ramón Contreras.

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