7/7/18

La importancia de los escenarios taurinos

Cartel del año 1994 para una corrida en el Estado Bolìvar, nos recuerda que hasta esa geografìa ha llegado nuestra Fiesta taurina. Foto: Archivos JL Jiménez


** Un escrito rescatado del año 1999, ya cumplió 19 años de su publicación; sin embargo, aún nos refleja la relevancia de los cosos portátiles y los problemas que involucran costos en su arrendamiento...todo con gran vigencia en estos días.

por: José Luis Jiménez
(Publicado el día domingo 20 de junio de 1999 - Diario El Periodiquito de Maracay)

Uno de los aspectos que más preocupa a los empresarios y organizadores es el arrendamiento de una plaza de toros. Ahora que aumentarán los honorarios en la Maestranza de Maracay bien vale el comentario sobre las conquistas que ha hecho el espectáculo taurino para las comparaciones.

Hasta muy avanzado el siglo XVIII las plazas de toros, propiamente dichas, no se habían construido. En ese devenir de cosas, muchos ruedos improvisados permitieron realizar los primeros encuentros entre toros y toreros, hasta llegar la contribución de las plazas portátiles donde el balance de los resultados que se obtenían –y se obtienen-, resultó altamente positivo.

En España contra lo que se creía, ni siquiera las figuras del toreo rehuyeron actuar en esos cosos improvisados. Carteles de postín lo certifican y hasta hace más de veinte años debemos reconocer que la campaña de “Los Guerrilleros” fue su mayor soporte con sus protagonistas: Manuel Benítez “El Cordobés” y Sebastián Palomo Linares. Una pareja muy especial y revolucionaria que un año antes de esta aventura eran enemigos declarados, llegando incluso a vetarse por partida doble. Cumplieron una etapa importante al unirse en contra de las grandes empresas en lo que se llamó “el año de las guerrillas” toreando mucho en plazas portátiles de poca monta pero con mucho montante.

Sólidas, fuertes, de estructura metálica, las plazas de toros portátiles, como los circos ambulantes, aparecen donde menos se piensa y desaparecen en unas horas como un pequeño milagro dejando su círculo de tierra torera para que algunos niños jueguen al toro imaginario.

De quita y pon, las denominan algunos guasosos y hasta las alternativas que se logran conceder en esos escenarios, les resultan dudosas por haber sido el escenario drama pero no museo.
En Venezuela existen aproximadamente unas ocho plazas de toros portátiles (1999), a saber: La Morena, Las Américas, La Polareña, La Venezolana, La Chamaquita, La Morita, El Toreo, entre las más emblemáticas. Para su contratación y traslado se cotizan de acuerdo a las distancias a recorrer, los fletes, el seguro y los peajes.

Cada una tiene su historia. Por ejemplo, La Morena fue diseñada y construida en la región española de Orgaz, Toledo; fue traída a nuestro país por sus propietarios iniciales: Fabio Grisolía y Marcelo León. Estaba sumida en el abandono en Puerto Ordaz, estado Bolívar, hasta que fue negociada y adquirida por: Morenito de Maracay, Luis Alvarez y Mario González Como es lógico suponer, antes de esta negociación no estaba bautizada con el nombre actual de La Morena.

Este recinto portátil ha venido acompañando en tan simpática aventura taurina a Las Américas, cuyo propietario es el torero Carlos Málaga “El Sol”, quien antes, cuando estaba en activo, se lanzaba en paracaídas vestido de luces hasta caer en el centro del ruedo de su propia plaza. El oriente del país es su radio de acción, mientras que La Morena permanece en el parque ferial de Calabozo estado Guárico.

En cuanto a La Polareña, inicialmente fue propiedad del matador Carlos Pita, quien luego la vendió al empresario Rafael Latella, bautizándola con el nombre de La Internacional. Tuvo un gran defecto como era ser de estructura muy pesada, gastándose en su instalación mucha soldadura, además de falta de comodidad para el traslado. Desde hace tres años fue adquirida por los empresarios. Antonio Di Rienzo, Miguel Eduardo Dao y Pedro Chacón, teniendo un gran aliado como es la empresa cervecera Diposa que se encargó de la pintura azul que la identifica y en retribución a este gesto fue rebautizada como La Polareña. Esta plaza aún permanece en un terreno a la entrada de la ciudad de Cagua, estado Aragua.

Por los andes venezolanos está anclada la fiesta brava desde que la historia taurina fue convertida en nuestra cultura de diversión. Hacia allá se trasladó hace más de treinta años el extorero Pedro Navarro “Muriaco”, quien antes había trabajado como operador de sonidos en la emisora Radio Girardot 650 AM en Maracay. Al llegar a la capital del estado Táchira, picado por el gusanillo, no quiso ser elemento pasivo, dedicándose a construir con recursos propios dos plazas de toros portátiles con capacidad para dos mil y cuatro mil personas respectivamente. Ambas las fusionó con el nombre de La Venezolana y son las que permiten celebrar tantos festejos por los más recónditos pueblos de los estados Táchira, Mérida y piedemonte barinés.

Otra plaza portátil es La Chamaquita, con su historia permanente de cambio de escenario en tres oportunidades. Primeramente estaba abandonada en Ciudad Bolívar. El señor Marcelo León, quien era su propietario, a través del organizador Manuel Rodríguez la negoció al empresario maderero, el español José Ana Castillo, quien la trasladó a la población de Upata en el estado Bolívar. Como buen aficionado no lo pensó mucho para instalarla de manera permanente en un terreno de su propiedad a las afueras del pueblo, bautizándola como “Arenas del Yocoima”, inaugurándola con un cartel de lujo: Carlos Martínez “El Príncipe del Toreo”, Ramón Alvarez “El Porteño” y Marco Antonio Girón, con seis toros de la ganadería Guayabita. El resultado económico de este festejo fue catastrófico, pero ni aún con ese lastre, el señor José Ana Castillo abandonó su propósito continuando con algunos festejos entre corridas y novilladas con idéntico resultado. Al hacer la evaluación creo que todo se debió al sitio escogido, muy cerca del hipódromo, para el cual había que pasar por un barrio de alta peligrosidad delincuencial, añadiéndose que ni siquiera existía señalización por lo que ni los taxistas, ni la mayoría de los habitantes de Upata conocían de su existencia.

Luego de cierto tiempo, finalmente fue vendida a un consorcio turístico oriental que la trasladó a Barcelona, estado Anzoátegui. Este consorcio tenía proyectos muy bonitos, pero como fueron dibujados en el aire, la realidad los hizo recapacitar por lo que ahora le buscan comprador a esta plaza que fue rebautizada como La Chamaquita.

Una plaza muy pequeña en capacidad es La Morita. Su construcción se debe al impulso de los directivos de la peña Amigos Taurinos de Aragua, quienes no descartaron la posibilidad de tener un escenario propio para realizar festivales benéficos en el municipio Mariño, a tiro de piedra de Girardot y Linares Alcántara. Al igual que La Chamaquita no se traslada a otros lugares, sino que está fija en un terreno propiedad de los peñeros Mario Casinelli y Vito Bellino Lotito.

Finalmente está la más moderna: El Toreo, una plaza portátil donde todo es originario. Sus propietarios son el matador de toros Manuel Medina “El Rubi”, el subalterno Rafael Ortas y el varilarguero y empresario Mario González. Es muy cómoda, fue construida en el patio de la casa de El Rubi, llamando poderosamente la atención lo ancho del callejón que permite desplazamiento de los mozos de espadas sin tener que empujar a ningún atravesado. Fue inaugurada el pasado domingo 7 de marzo de este año en la ciudad de San Fernando de Apure por Manuel Medina “El Rubi” y el sevillano Tomás Campuzano.

Como decíamos al comienzo, las figuras del toreo en España no rehúyen actuar en plazas portátiles, mientras que aquí en nuestro país son como escuelas para enseñar y difundir el espectáculo en regiones donde era casi un sueño su celebración, aunque tienen su piedra de tranca al no poderse aforar con sinceridad. Muchas personas entran con enormes cavas y otros implementos, aparte de sentarse de cualquier manera trayendo como consecuencia llenos no cónsonos con la realidad en la taquilla.

En cuanto a las plazas fijas o de cemento, mucho se discute sobre los costos para su alquiler, pero aun así están muy por debajo de otras. Por ejemplo, la Monumental de Valencia está por el orden de los siete millones de bolívares (1999); mientras que la de Maracay, con aumento y todo, apenas llegará a setecientos mil bolívares (1999). Enlazando ambos escenarios de la región central con los de Mérida, San Cristóbal y Maracaibo, ofrecen lo que las otras no pueden: Enfermería, patio de caballos, corrales, toriles, romana, destazadero, capilla, comisión taurina, banda de música, servicio auxiliar y otras menudencias, aparte de la seguridad y una hermosa arquitectura.

Al sacar las conclusiones nos encontramos con mucha alharaca formada por los aumentos, pero… no les parece que en retribución hay más de lo que se puede pedir?

JLJ/20/06/1999

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