1/12/17

Se marchó un orfebre de la torería: Saturio Lizcano

El sastre de toreros Saturio Lizcano Gamboa Foto: E. Hevia

por: Eutiquio Hevia P.


Esta semana falleció en la capital Española, un orfebre de la torería, quien tenía residencia en España desde hace años, cuando decidió formar parte de esa troupe de artesano de la Fiesta Brava.

Saturio era oriundo de la ciudad de los Parques, allá en el Norte de Santander, Colombia, allí había creado su atelier para atender a los toreros colombianos quienes le buscaban para que les solucionara las distintas bemoles en los ternos de torear.

La amistad de Sataturio con este Cronista, (Eutiquio Hevia P.) fue de muchos años, nos conocimos en la ciudad bonita de Colombia, Bucaramanga, allí iba a visitarle en su residencia y mesa de trabajo donde creamos una buena amistad, su atención para con este servidor fue completa y hace años me obsequio un libro interesante pues contiene la mayoría de las biografías de toreros colombianos y se titula “Colombia se Viste de Luces”me lo obsequio y me dijo ahì tienes las biografías de los toreros de mi tierra, el autor es Carlos Arjay Dueñas Pava, un interesante material que me ha servido de consulta.

Su fama y entereza de su trabajo, le llevaron a crearse una imagen positiva dentro de la torería colombiana, pues sus trabajos en las diferentes facetas, le llevaron a ocupar lugar privilegiado en estos menesteres. En Colombia no había un sastre que solucionara a los toreros la inmediata solución para sus ternos.

La constancia y dedicación dieron sus frutos y ya los servicios del sastre eran solicitados por todos aquellos que se vestían de toreros, su fama fue creciendo y no había en Colombia un torero que no utilizara los servicios de Saturio.

Su fama fue extendiéndose por la geografía taurina y el Táchira no fue indiferente con sus servicios acá también los toreros lo buscaban para aprovechar sus servicios, tanto así que la Feria de San Sebastián y la del Sol en Mérida fueron terreno propicio para que Saturio desarrollara sus cualidades que aprovecharon los diestros venezolanos.

Saturio, siempre acompañado de su fiel esposa Amparo, era la persona que enmendaba las faenas manuales de su profesión y que cubría con abnegación. Las temporadas suramericanas eran cubiertas por esta pareja que supo labrar cariño y amistades en los ruedos colombo –venezolanos sin olvidar las visitas al Ecuador que también figuraban en su trajinar.

Llegue hasta sus hijos Iban y Roberto y a su apreciable esposa Amparito, nuestra palabra de condolencia y que sepan que lo sembrado por Saturio no se olvidará, ya como persona y como profesional en la sastrería taurina fue un figurón. Paz a su alma.

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