12/9/17

Tovar 2017: Festejos a trompicones

Es de rigor hacer algunos apuntes a posteriori, sin comentar con mucho detalle faenas.

por: Eduardo Soto,



Como escribí algunas líneas en vísperas de las corridas tovareñas de 2017, es de rigor hacer algunos apuntes a posteriori, sin comentar con mucho detalle faenas, diestros ni toros, pues lógicamente no hice esta vez acto de presencia en nuestro Coliseo y baso mis comentarios en lo que ha traslucido públicamente.

No voy a referirme a la novillada, pues siempre serán de utilidad para que los jóvenes espadas vayan adquiriendo bagaje y rodaje, aunque casi siempre frente a muy poco público.

Pero en lo que respecta a la vespertina corrida del sábado, habría que comenzar por comentar el volante con el Orden de Salida, que ha debido ser objeto de mayor atención de la Comisión Taurina, puesto que sale a su nombre. Cometen la misma falta de ortografía dos veces y se describen los toros del mexicano como “sainos”; en el primer caso se trataba de uno negro y probablemente lo que se quiso decir fue zaino, por no tener pelos de otro color; pero en el segundo, la situación se complica pues indica que el animal es colorado saino, como la canción de Gardel, que quiere decir buena pinta y bien cortado, pero la descripción corresponde a un caballo y es extraña para un toro de lidia.

Además, el último ejemplar remiendo de Campolargo, era al parecer sobrero de la novillada, lo cual quiere decir que era un toro para el festejo menor o un novillo para la corrida, pues su peso de 430 kilos, no es definitorio sino la edad, para adjudicar la condición de toro. Al matador azteca le concedieron dos orejas, según comentan en extremo festinadas y resultó el triunfador de la tarde. La corrida dominguera, que a la postre fue nocturna, resultó cuajada de actos protocolares, muy accidentada, se fue hasta la luz y no hay mucho que añadir a la pluma de los cronistas taurinos.

Al rebuscar entre los escombros de este ferial tovareño, surgen a pesar de todo un par de elementos positivos. El Botón a Germán Rosales, por su larga trayectoria como locutor y comentarista taurino, que muy bien ganado lo tiene, pero que merecía haber sido entregado en circunstancias diferentes; y la inauguración oficial de la escultura en homenaje al Toro Lidia, del artista tovareño Iván Darío Ramírez, pariente del diestro local Nerio Ramírez, cuya estatua del mismo autor engalana también el Coliseo.

El público, que en el mejor de los casos parece haber rozado la mitad del aforo, resaltaba según comentan por sus caras nuevas y curiosamente había más gente en el numerado que en los tendidos, lo cual sería motivo de verdadera satisfacción, siempre y cuando su presencia no haya obedecido a razones ajenas a la Fiesta Brava.

Pero, lamentablemente, lo más comentado ha sido de nuevo la actuación de la Comisión Taurina, cuyos desaciertos de variada índole han sido suficientes para que ruede otra vez por los suelos su imagen y su credibilidad, siempre con el agravante que arrastra consigo el prestigio y la categoría de nuestra plaza de toros; para no reiterar que haber celebrado corridas en la coyuntura actual, mancilla la centenaria tradición taurina de la Sultana del Mocotíes.

Eduardo Soto, A.T.T.

11092017.

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