14/5/17

En el día de la Madre: Llanto de seda y oro por el hijo torero

Manuel Medina "El Rubi" con su madre Elinor y su pequeña hija Manolita. Foto:



Doña Rosalba y su hija: Yoleima Chacón, Abuela y Madre de los Matadores Angel y José Antonio Ramos, ambos en Perú. Foto:


por: Jesús Ramírez "El Tato"

Este Domingo 14/5 que celebramos en toda Venezuela el día de la Madre; propicio es hablar de las madres de los toreros que alimentan con su bondad y esperanza, las ilusiones de triunfo de los hijos que escogieron el arte de torear para escalar posiciones y afianzar futuro. Y es que tal vez sin los ruegos de la angustiada madre y sus rezos fervorosos, el triunfo no hubiese acompañado al hijo torero que nunca llega a comprender el sufrimiento del ser que le dio la vida.

OPOSICION A LA AVENTURA

Generalmente el torero proviene de hogares humildes, donde se va a la mesa a comer una vez al día y donde la cultura no tiene cita en ningún momento. Son hogares donde muchas veces la falta del padre la suple la abnegada mujer, que no quiere inundar de mayor tristeza el hogar por la decisión del hijo que se empeña en ser torero. La madre no se opone con mucha fuerza, pero lo anima a estudiar, a tomar los libros, antes que ir a la plaza a dar capotazos al toro de la ilusión. Y quién puede contener el sueño de fama y gloria de un joven que quiere mejorar el hogar?...Y quién domina ese ímpetu por la aventura?...Pues ni la madre.....

LA ANGUSTIA DE DOÑA ANGUSTIAS

Angustias Sánchez, se llamaba la madre del Monstruo de Córdoba, Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete". Hija de un obrero ferroviario, esposa dos veces de toreros y madre de un torero que la sacó del anonimato y la pobreza. Su único hijo varón copó la escena con la verticalidad de su toreo y murió en las astas del toro "Islero" de Miura, la tarde del 28 de agosto de 1.947 en Linares, España.

Doña Angustias, recibió el cadáver de "Manolete" al día siguiente, sin derramar una lágrima y pronunciar palabra alguna. Desde aquel verano de 1.947, la famosa madre se enclaustró en el lujoso chalet que su hijo le había regalado, y así día tras día fue perdiendo fuerzas y hasta vigor, teniendo solo ánimos para depositar flores en la tumba de su hijo y asistir a la misa trajeada de riguroso negro, ya casi ciega por el avance de los años.

Nunca pudo doña Angustias acostumbrarse a las vicisitudes de los toreros. Sufrió con Rafael Molina "Lagartijo" su primer esposo, sufrió con Manuel Rodríguez "Manolete III", con quien casó tras la muerte de "Lagartijo", luego perennizó el sufrimiento con su hijo "Manolete". Nunca mejor empleado el nombre para la madre de un torero: ¡Doña Angustias!

Venezuela: EL TEMPLE DE DOÑA ESPERANZA


Doña Esperanza Díaz de Girón con temple acerado en la formación de sus hijos toreros


El temple de una mujer venezolana, formó una de las más importantes dinastías de toreros de América. Doña Esperanza Díaz de Girón fue ejemplo cabal de madre abnegada, que siempre estuvo con los hijos compartiendo luchas y avivando esperanzas. Animaba a César lanzando clarinazos oportunos ante el peligro que servía de quite milagroso. Con Don Carlos Girón compartió responsabilidades en organizar festejos para que César, Curro, Efraín y Rafael torearan y saborearan el éxito. Recorrió con sus hijos las plazas transmitiendo optimismo, aliento y fe; y regañando fuerte cuando las cosas no salían bien o los muchachos se enmendaban.

Una mujer de nervios acerados como muy pocas. Se fue de este mundo después que vio frutos con sus hijos matadores de toros, orgullosos del ser que les dio la vida y ánimo para seguir en la lucha.

NO IMPORTA EL TRIUNFO SINO LA VIDA

Cuando el hijo torea, bien sea matador, novillero o subalterno, la madre está al teléfono esperando la llamada. Nunca pregunta por las orejas cortadas, porque le interesa más su salud, si salió sin heridas del compromiso. Para ella lo más importante es la vida de su hijo, no el dinero producto de la arriesgada profesión. Y cuando el percance surge, se arma de valor inusitado para compartir el dolor y revivir el ánimo del torero herido.

Son madres con sufrimientos prolongados, con amor diferente al hijo que se viste de seda y oro y armado de muleta y espada, desafía la muerte que ronda cada tarde.

Es un sufrimiento de oro y seda en tardes plenas de sol, pero también con sangre y llanto. El llanto por el sacrificio del hijo que ama tan arriesgada profesión, en la cual se viste de seda, oro y plata y muchas veces se sale con la mortaja camino a la leyenda

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