6/3/17

¿Taurinismo del siglo XXI?

Rafael Orellana en la tarde que se cortaron dos rabos en la Feria el Sol 2017 Foto: Comana

por: Eduardo Soto

Cuando en algún coso, se produce una corrida en la cual se cortan dos rabos, constituye, sin duda alguna, un acontecimiento verdaderamente excepcional y esa tarde tendría que considerarse apoteósica.

En toda la historia de la Monumental de Las Ventas, ha sucedido una sola vez, cuando Curro Caro y Lorenzo Garza cortaron sendos rabos la misma tarde septembrina de 1935. Pero, tal acontecimiento ha sido relegado al olvido, quizás por haber ocurrido en corrida de ocho toros y que los rabos fueron cortados al séptimo y octavo; pero hay que recordar también que era cartel de cuatro toreros, por tanto sus posibilidades de triunfo estaban equitativamente repartidas. En caso de que el encierro hubiera sido sin remiendos, quizás la suerte haya estado cargada, pero hacia la ganadería.

En La Maestranza de Sevilla, se celebró en octubre de 1936, una corrida mixta como pocas, en homenaje al Ejército Nacional. El cartel lo conformaron los rejoneadores Antonio Cañero y Pepe García Carranza, El Algabeño; los matadores Juan Belmonte, Manolo Bienvenida, Domingo Ortega, Victoriano de La Serna y Venturita; además, se presentaron también los novilleros Diego de los Reyes y Pascual Márquez. Hasta las tablas de la barrera fueron repintadas en rojo y gualda, para reforzar el espíritu patriótico del evento y, en ocasión tan especial, los diestros cortaron cuatro rabos: Belmonte, Bienvenida, Ortega y Pascual Márquez, quien venía arrasando en la categoría menor del escalafón. Los toreros retirados Antonio Fuentes y Machaquito, fungieron de Asesores esa tarde inolvidable. Para el Pasmo de Triana sería el último rabo cortado en su carrera y la última vez que se vistió de luces.

En la Monumental de México, cupo el honor también a El Ave de las Tempestades, de cortar dos rabos, la misma tarde de diciembre de 1946, en la primera temporada oficial del Embudo de Insurgentes. Pasaron cuatro años, para que en enero de 1950, el maestro lusitano, Manuel Dos Santos, El Lobo Portugués, emulará la hazaña del célebre regiomontano. La ganadería de Pastejé, dejó histórica huella, pues tanto El Ave como El Lobo, cercenaron los apéndices a ejemplares de su hierro.

En nuestro país, la Semana Santa del año pasado, todos nos alegramos pues se recuperó una tradición y ocurrió además con un festejo excepcional, al menos desde el punto de vista numérico. En Achaguas, sita en pleno llano venezolano, se celebró una corrida mixta en plaza portátil, en la cual el torero de a caballo cortó dos orejas y rabo, y los de a pie acumularon siete auriculares y dos colas, con lo que se completaría una docena de trofeos, en la que seguramente haya sido la corrida más premiada en la historia taurina del país y, quizás, del mundo entero.

En este breve recuento, llegamos ahora a la Feria del Sol, edición 2017 y encontramos que en un mano a mano, el saldo matemático arroja el mismo resultado, la bicoca de siete orejas y dos rabos. Sobre el balance artístico no puedo pronunciarme, pues este año sobrevino un incidente, que vació mi ilusión de estar presente en las corridas del coso de La Liria.

No obstante, los guarismos sugieren una tarde excepcional, casi como la presentada en la Portátil de Achaguas, que la saca ventaja por haber sido corrida mixta, pero la Monumental de Mérida tiene a su favor la productividad taurina por coleta.

No hay que desmayar, el campeonato absoluto no se puede dejar escapar, estamos solamente a inicios del Ciclo Cincuentenario y lo ocurrido hasta ahora, presagia lo que debe suceder más adelante.

De contar otra vez con el mancomunado esfuerzo de los involucrados en la organización de estos festejos de la Monumental de Mérida, casi con toda seguridad, se le podrá arrebatar próximamente a la localidad apureña, el cetro nacional de Trofeos Taurinos y, a la vez, asegurar el Oro Olímpico en Tauromaquia, para orgullo de la genuina afición del país y dejar huella inmarcesible en los anales del Arte de Cúchares, a nivel planetario.

Si el público que colma los escaños de la Monumental de Mérida pide circo, circo hay que darle. Es lo que está un boga y, al fin y al cabo, estamos en plenas carnestolendas. La oportunidad es propicia, los números logrados en este primer intento, indican que la hazaña está al alcance de la mano. La vía está libre, ya nadie podrá detenerlos. Mucho ayuda el que no estorba. Manos a la obra.

Eduardo Soto

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