26/2/17

Tarde de triunfos y matices en Mérida


Dos grandes toros de Rancho Grande
Por: Víctor Ramírez “Vitico”


La segunda corrida de la feria del Sol fue triunfal, con los matices propios de la fiesta de los toros, destacando dos estupendos toros de la ganadería de Rancho Grande, que fueron a parar al lote de Jonathan Guillén que vivió la cara y la cruz del toreo. Sus compañeros de cartel, Daniel Luque y Antonio Nazare, sobrados de oficio anduvieron a gorrazos con la corrida de la familia Molina Colmenares.

Daniel Luque, entregado y muy profesional toda la tarde, estuvo por encima de su lote, pues el español se la jugó con el primero, áspero y complicado, al que toreó ceñido, con una evidente voluntad de hacer bien las cosas. Arrancó la oreja de su segundo, un toro mansurrón y rajado, al que el sevillano literalmente acosó por toda la plaza. Montado y crecido Luque, toreó con gusto y temple con la mano izquierda, la cual maneja con autentica precisión. Regaló un sobrero anovillado, noble y dulce, con el que  literalmente toreó a placer. Primero en un soberbio quite a la verónica, y posteriormente en una faena en la que relajado y sereno, cuajó soberbios muletazos, codilleando a propósito, casi sin tocar al toro y sin sacar el brazo, se pasó al noble “Lirio” a milímetros en naturales espléndidos, con la mano bajísima y el cuerpo desmayado. Como de salón, sin crispación, casi jugando, Luque se recreó en una faena estupenda. Dos orejas paseó el sevillano, que disfrutó de lo lindo.

Repetía Antonio Nazaré que volvió a demostrar su buen fondo, con un oficio superior, que le permitió estar muy por encima de su lote. Estupendos muletazos a su primero, sobre todo con la derecha, en los que llevó largo y templado al toro, que fue a más gracias a la poderosa muleta del español, que cortó merecida oreja. Ante su segundo el espada volvió de demostrar oficio, clase y temple. Faena sin mucho brillo, pero con gran fondo. Pinchazo y estocada baja para recibir una generosa oreja que casi nadie pidió, lo que no resta méritos al matador.

Tener buena suerte es a veces un hándicap en esto de los toros. Llevarse el lote de la tarde (y de muchas tardes) puede ser una espada de doble filo. Algo así vivió Jonathan Guillén para el que quien le sacó los números de los toros en el sorteo, le puso una ocasión de oro para dar un golpe en la mesa. Guillén, voluntarioso y entregado, le echó corazón a su primero, se fue de rodillas en los medios para enjaretarle al buen “Colegiado” un emotiva tanda de derechazos largos y buenos, lo cual encendió la mecha en el público. El torero dio todo de sí, logró muletazos muy buenos, otros más deslavazados, pero su trasteo, emotivo y con gran entrega le valió para indultar al toro. Dos orejas simbólicas paseó Guillén, visiblemente emocionado. Enchiquerado estaba el séptimo, “Reverendo”, un toro fuerte y serio que fue la cruz de Jonathan Guillén. Bravo y encastado el astado, puso en evidencia el poco rodaje del diestro, que desfondado y acusando una lesión reciente en una de sus manos, no consiguió imponerse. Superado siempre por el astado, Guillén pegó algunos pases con voluntad pero el toro se fue entero. Una pena, porque pudo redondear el diestro su tarde y el bravo ejemplar se fue inédito, literalmente no se le vio. La fiesta es así, por ello es tan grande.

Abrió la corrida el rejoneador Francisco Javier Rodríguez, enterado y con oficio, que lidió con pulcritud un bravo toro de San Antonio, que le exigió sacar su rodaje para poderle. Rodríguez se lució en un vistoso tercio de banderillas, y como mató certero, paseó una oreja.

Ficha de la corrida
Plaza de toros de Mérida.
Sábado 25 de febrero.
Más de tres cuartos de entrada en tarde espléndida.
Toros de Rancho Grande (tercero, cuarto, quinto y séptimo), El Prado (segundo) y La Consolación (sexto). Desiguales de presentación. Bravos y encastados el cuarto “Colegiado”, número 171, jabonero, indultado, y el séptimo, “Reverendo”, número 109, negro. Mansurrón y complicado el segundo, noble el tercero, rajado y noble el quinto, soso y noble el sexto. Uno de regalo de La Consolación, terciado y noble. Un toro de San Antonio para rejones en primer lugar, bravo.
Pesos: 440 (rej), 430, 430, 435, 435, 435, 445 y 430 kilos.
Rejoneador Francisco Javier Rodríguez: Oreja.
Daniel Luque, de blanco y oro: Silencio, oreja y dos orejas.
Antonio Nazaré, de blanco y oro: Oreja y oreja.
Jonathan Guillén, de verde botella y oro: Dos orejas simbólicas y silencio.
Destacaron en banderillas Carlos Pizutto, Salvador Moreno y Ramón Contreras y con la puntilla Eliécer Paredes.

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