28/2/17

Tarde de generosos triunfos en Mérida

Rafael Orellana con el toro Giraldero. Foto: Gaby Parra

por: Víctor Ramírez “Vitico”

La cuarta corrida de la feria del Sol se vivió con inusitada euforia, que se desató en la concesión de trofeos, en un resultado artístico abultado pero alejado de lo que en realidad ocurrió en el ruedo. Rafael Orellana y Daniel Luque se lucieron en el mano a mano que sostuvieron ante toros de Los Ramírez, que colaboraron en diferente grado con ambos espadas.

Rafael Orellana saludó con dos largas cambiadas al primero de la tarde, toro áspero y soso, al que toreó con mucha voluntad, destacando en algunos muletazos largos y templados sobre todo con la mano izquierda. Sufrió una fuerte voltereta de la que no se amilanó, para dejar una estocada de muy buena ejecución, pero el astado se amorcilló. Visiblemente dolorido recibió a portagayola al tercero, haciendo gala de una gran aguante, pues el toro se le frenó al torero en seco. Orellana se empleó en una faena larga, con algunos muletazos de excelente factura, vertical y relajado el diestro, llevando largo al encastado toro, que le enganchó y punteó la franela en varias ocasiones. No tardaron en llegar los rodillazos, adornos y cabezazos al toro, tan habituales en este torero, lo que calentó más al festivo público. Lo bueno ya estaba hecho y el toreo accesorio lo complementó, aunque perdiendo la faena seriedad y hondura. Se volcó con la espada, para cobrar una entera trasera que fue efectiva. Dos orejas y un sorpresivo rabo, concedido desde la más absoluta generosidad. Sin duda este tipo de trofeos demeritan lo que de verdad es una faena merecedora de tal galardón.

Entregado y decidido a redondear su tarde, Orellana se empleó afanoso con su tercero, un toro complicado, que salía con la cara alta y descompuesto. Voluntarioso el diestro, consiguió en medio de muchos enganchones algunos pases de buena factura, pero sin llegar a redondear. Tras un certero pinchazo hondo cayó otra sorpresiva oreja.

Daniel Luque se las entendió con un primer toro mansurrón y complicado, con el que puso empeño y voluntad. Con el cuarto, Luque toreó con clase, gusto y ritmo. Tiene este torero la virtud de enganchar con mucha suavidad las embestidas, con toques casi imperceptibles, que fijan al astado en el engaño, para no dejarlo ir, en base a una estupenda colocación, quedándose quieto en un palmo de terreno. Varios de sus muletazos fueron excelentes. Se pegó un arrimón para cerrar su labor, que tras una estocada se premió con otro rabo, que visto el concedido anteriormente se antojaba seguro. Sin duda aunque fue una buena faena, no ameritaba el máximo trofeo. Ante el nobílisimo y terciado sexto, Luque volvió a encandilar a la parroquia, toreando con mucho temple, gusto y clase. Está en un gran momento el español, que se dejó llevar por la inspiración en tandas de largos muletazos, con el torero quieto y vertical, siendo el eje para llevar cosido al engaño al toro, que giraba sobre el diestro, que le toreó con cadencia de artesano. Atención a este torero, que está en un momento cumbre. Cortó las dos orejas de “Paramero” para cerrar un gran paso por esta feria.

Una tarde que sin duda deja grato sabor en los espectadores, pero que debe llamar a la reflexión, pues se vieron muy buenas cosas pero se premiaron en grado superlativo.

Ficha de la corrida

Plaza de toros de Mérida.

Lunes 27 de febrero.

Lleno en tarde agradable y fresca.

Toros de Los Ramírez, desiguales de presentación y juego. Complicados los dos primeros, bravo y encastado el tercero, “Giraldero”, número 276, albahío, premiado con la vuelta al ruedo. Noble el cuarto, soso el quinto y muy noble y suave el sexto.

Pesos: 440, 450, 450, 460, 440 y 440 kilos.

Rafael Orellana, de grana y oro: Silencio, dos orejas y rabo y oreja.

Daniel Luque, de negro y oro: Silencio, dos orejas y rabo y dos orejas.

Destacaron en banderillas Raúl Caricol y Mauro David Pereira.


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