13/2/17

Premios Nobel y tauromaquia

Ernest Hemingway, estadounidense de Illinois, periodista, escritor y Premio Nobel en 1954 y una de sus obras de la trilogìa taurina.Foto: librosmelior.org

* Sabía Ud. que siete Premios Nobel de Literatura tienen algo en común? Su afición por la Tauromaquia

por: Eduardo Soto

Los Premios Nobel, que llevan el nombre del industrial sueco inventor de la dinamita, se instituyeron a principios del siglo pasado, son un galardón que se otorga anualmente a personas o instituciones que hayan hecho contribuciones sobresalientes a la sociedad y, ciertamente, son los más prestigiosos del mundo.

Pues bien, entre ellos destacan los atribuidos en el campo de la Literatura y, entre las personalidades que lo han merecido, descuellan: Ernest Hemingway, Pablo Neruda, Vicente Aleixandre, Gabriel García Márquez, Camilo José Cela, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa. Estas siete luminarias mundiales de las Letras, todas tienen un denominador común: Su afición por la Fiesta Brava.

Ernest Hemingway, estadounidense de Illinois, periodista, escritor y Premio Nobel en 1954, se asoma por primera vez a la tauromaquia en Los San Fermines, cuando tenía 24 años y, desde entonces, se encendió su afición taurina. El encuentro con las ferias pamplonicas ocurrió en 1923 y, tres años más tarde, apareció Fiesta, primer libro de su trilogía taurina, junto con Muerte en la Tarde en 1932 y Verano Sangriento, que terminó de escribir un año antes de su muerte en 1961, pero se publicó solo en 1989. Estas obras, tienen la especial virtud de internacionalizar la Fiesta Brava y darla a conocer en el mundo anglosajón.

Pablo Neruda, Premio Nobel 1971, tuvo gran amistad con Pablo Picasso, a tal punto que editaron al alimón un libro sobre el tema taurino en 1960. Esta obra, construida en torno al poema Toros del chileno y dibujos realizados especialmente por el malagueño para ilustrarlo, es una fina obra de arte que se transformó rápidamente en preciada pieza de colección, pues su tiraje original de 500 ejemplares se agotó de inmediato.

Vicente Aleixandre, Premio Nobel 1977, era un aficionado sevillano cuya inspiración taurina se plasmó en poemas como: Toro, Corrida en el Pueblo y El Misterio de la Muerte del Toro.

Gabriel García Márquez, Premio Nobel 1982, estaba imbuido de palpitante afición y su encendido verbo, lo llevó a replicar a un fiero antagonista de la Fiesta Brava: Soy taurino y Premio Nobel… qué vas a saber tú de arte, cultura y tradiciones.

Camilo José Cela, Premio Nobel 1989, era apasionado de la tauromaquia y aficionado práctico, a tal punto que en 2014, se presentó en Madrid una exposición sobre su legado taurino. El escritor gallego, fallecido en 2002, fue amigo de toreros que marcaron época en el siglo XX, como Belmonte, Lalanda, Manolete, Domingo Ortega, los Bienvenida y Dominguín.

Octavio Paz, el mexicano Premio Nobel 1990, hacía interesantes alusiones a la Fiesta Brava. Por ejemplo, su numen taurino le permitió escribir que en el toreo el peligro alcanza la dignidad de la forma y la forma la veracidad de la muerte. Definía el toreo como Poesía en Movimiento.

Mario Vargas Llosa, peruano Premio Nobel 2010, de asidua presencia en los principales cosos del orbe taurino, manifestó a la prensa que si se abolieran las referencias a los toros, se empobrecería la poesía, la música, la pintura o la filosofía, puesto que la tauromaquia ha irrigado prácticamente todas las manifestaciones artísticas y culturales.

Este selecto grupo, conformado por personalidades de las Letras, reconocidas a nivel planetario, de florido intelecto, todos aficionados al Arte de la Tauromaquia, constituye el mentís más evidente, a quienes denigran sin fundamento y condenan sin razón la Fiesta Brava.

Eduardo Soto

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