15/2/17

El año del siete y la afición venezolana (parte final)

Una de las obras de Don Antonio Aragón fue su revista Venezuela Taurina Foto: Portada de la edición de Mayo de 1979

* Esta segundo y última entrega de taurinos detacados nos habla de Don Antonio Aragón, Alfredo Sadel y el Cardenal Baltazar Porras.

por: Eduardo Soto

Al iniciar esta segunda parte de siete de nuestros taurinos destacados, comenzaremos por:

Don Antonio Aragón

Era oriundo de Zaragoza; llegó joven a Venezuela y vivió casi sesenta años en nuestro país dedicado a la promoción de la Fiesta Brava y a la causa de los niños pobres y desamparados. Fue empresario, editor, locutor, productor de radio, de TV y filántropo; a los seis años quedó huérfano y fue recluido en un orfanato, por lo cual como novillero, se presentaba con el nombre artístico de “El Niño del Hospicio”.

Lanza por Radio Continente su programa “Arriba Corazones” e inicia su campaña “El Juguete del Niño Huérfano” a fines de 1947 y, a principios del año siguiente, se retira definitivamente del toreo y pasa a ser comentarista taurino exclusivo de Radio Caracas, Ondas Populares y un circuito de cinco emisoras del interior del país.



Su programa “Fiesta Brava”, arranca en RCTV el año 1953 y dura hasta finales de la década de los ochenta; fue editor, por veinte años, de la revista Venezuela Taurina y fundador de la Asociación Venezolana de Comentaristas Taurinos, la cual presidió hasta el fin de sus días.

Don Antonio fue invitado a visitar Tovar, a principios de los años 50 y se hospedó en nuestra casa. Posteriormente, lo visitamos en Caracas, y, al cabo de muchos años, yo lo volví a ver en la residencia de un abogado ya fallecido, amigo del terruño, quien era Consultor Jurídico de la revista Venezuela Taurina y, como siempre, fue muy afable e interesado por los taurinos del Valle del Mocotíes.

Tras múltiple operaciones, quedó ciego en 1991, cuando transmitía la Feria de San Cristóbal, pero continuó son su labor humanitaria, hasta su muerte, ya nonagenario, en 2005.

La trayectoria humanitaria de Don Antonio, descollante taurino, con toda una vida dedicada a ayudar a los niños huérfanos, pobres y desprotegidos, marca notorio contraste con la de aquéllos que pretenden impedir su acceso a las corridas, sin importar para nada que vayan acompañados por sus responsables, padres o representantes.



Alfredo Sadel

El Tenor Favorito de Venezuela, inició su despegue artístico, en la última mitad de los 40, con la interpretación del pasodoble Diamante Negro, dedicado al torero ocumareño ídolo de la afición del país. Sus estudios de solfeo, piano y armonía, comenzaron en la Escuela Superior de Música de Caracas y continuaron durante toda su vida, en México, Nueva York, Buenos Aires, Barcelona, Salzburgo y Milán.

Fue actor de cine, empezó su carrera en el canto lírico en 1961 y su repertorio incluía, entre otras obras, a Rigoletto, El Barbero de Sevilla, Carmen, Tosca, La Boheme, La Traviatta y El Holandés Errante. Sus giras artísticas lo llevaron por casi todo el mundo.

Como anécdota personal debo comentar que cuando trabajaba en la otrora URSS, en un viaje a Kazajstán, al visitar el Teatro de la Ópera en su capital Alma-Ata, me comentaron que allí había actuado nuestro gran tenor.

Alfredo Sadel, a quien llamaban el cantante taurino por excelencia, no solo interpretaba pasodobles, sino que compuso algunos temas como La Feria de La Chinita, Maestranza de Maracay, Bernardo Valencia y Girón de mi pueblo, todos con letra y música de su autoría. Hoy existe la Fundación Alfredo Sadel, que trata de recopilar y digitalizar las 2.000 interpretaciones que grabó en 200 discos de 78rpm y 130 LP, editados en diversos países, los cuales, sin duda, forman parte importante del acervo cultural venezolano.

Baltazar Cardenal Porras

El remate de lujo, corresponde nada menos que a Su Eminencia Reverendísima Baltazar Cardenal Porras; caraqueño de nacimiento, merideño de adopción y taurino de pura cepa, cuyo temple eclesiástico y taurino terminó de forjarse en la Ilustre Universidad Pontificia de Salamanca. Declarado Primer Aficionado de Honor de la Monumental de Mérida; esperamos seguir contando, por muchos años, con su reconfortante presencia en la Plaza.

Confiamos que con la Bendición del único Cardenal taurino y torero que el mundo ha conocido y con el esfuerzo mancomunado de todos, el Arte de Cúchares en Venezuela, irá encontrando de nuevo su extraviado rumbo.


Eduardo Soto

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