14/10/16

Monseñor Porras, Cardenal

En la Palza Las Ventas de Madrid, Cardenal Porras (izq) conversando con el gran intelectual y crítico taurino D. Andrés Amorós. Atrás el Dr. Fortunato González Foto: La Loma

* Lo taurino y el gusto por la cocina española le vienen de Salamanca

Columna: Por la calle real

por: Fortunato González Cruz

Baltazar Enrique Porras Cardozo es el primer Cardenal que a su vez es Arzobispo de Mérida. Su personalidad es fraguada por factores bien definidos: El carácter apacible y serio de su padre Baltazar, el dulce y enérgico de su madre Blanca y el sereno y firme de su maestro monseñor Miguel Antonio Salas. De ascendencia tachirense, nace en Caracas donde transcurren sus primeros años y su adolescencia la vive en los claustros del Seminario Interdiocesano de Caracas. La mayoridad le llega en la Universidad Pontificia de Salamanca, cuyas raíces se encuentran en el siglo XIII. Estudia teología pastoral y logra con honores la licenciatura y el doctorado. Recibe el orden sacerdotal en Calabozo en 1967 y allí permanece como cura párroco hasta que asume responsabilidades docentes y de dirección en el Seminario donde se formó en su adolescencia. En 1983 llega a Mérida como obispo auxiliar y en 1991 asume la Mitra Episcopal. Un recorrido vital que le enriquece en el conocimiento de Venezuela y en la comprensión de los orígenes españoles.

El Cardenal Porras tiene formación diocesana con influencia eudísticas que le aportó su maestro monseñor Miguel Antonio Salas, con vocación en la formación religiosa y en la acción pastoral. De allí su especial dedicación al Seminario. En lo teológico, además de la línea eudística y un cierto aire jesuítico, es un hombre postconciliar que abreva en los documentos de Vaticano II. Influyen en su formación las encíclicas y documentos de Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, que serán leídos a la luz de las culturas y experiencias de América Latina por teólogos como Gustavo Gutiérrez, Helder Cámara, Leonardo Woff, Juan Carlos Scannone entre otros. Así surge una línea teológica que se expresa en obras, acciones y en los documentos de las Conferencias Episcopales de Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992) y Aparecida (2007). En esencia es la “opción preferencial por los pobres”. La teología de Bergolio está contenida en el Documento de Aparecida del que fue redactor, y en sus documentos ya como papa Francisco, en particular en Laudato Si. El nuevo Cardenal venezolano es de la misma escuela del papa: un auténtico exponente de la teología latinoamericana libre de desviaciones ideológicas.

El Cardenal Porras es de carácter alegre, sencillo, cercano, tolerante, disciplinado y firme. Buen conversador y escucha con atención; lee mucho y de todos los temas pero prefiere la filosofía y la historia. Practica el deporte en particular el fútbol, que lo juega con sus seminaristas. Lo taurino y el gusto por la cocina española le vienen de Salamanca y de su maestro el sacerdote don Gaspar Vicente. Su franqueza y cercanía lo expone en exceso. Ha sido víctima de viles ataques infames que soporta a medias. Al principio no se hallaba en Mérida, hasta que respiró los aires de sus campos y entró en su ambiente académico. Desde entonces es un merideño entrañable que igual comparte las angustias y esperanzas de las personas más sencillas como de las más encumbradas.

Monseñor Baltazar Porras ha recorrido todos los espacios de Venezuela y de su Arquidiócesis, organizó y digitalizó el Archivo Histórico, tiene una de las mejores bibliotecas de Mérida y una abundante obra literaria publicada. El nuevo cardenal de Venezuela es un hombre íntegro, intachable, intelectual, jovial y equilibrado, sumamente apreciado en la Iglesia Latinoamericana y mundial en particular del papa Francisco. Es el hombre más universal de los merideños.

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