30/10/16

Las corridas de toros en Portugal: El toreo de a pie y el rejoneo

Los Forcados, distinguen su fiesta taurina; aparecen en el último tercio de la lidia y se compone de un grupo de ocho hombres. Oleo: Reinaldo Torres - altoromexico.com

Retazos Taurinos (XXXI)

por: Eduardo Soto

•En Portugal, no se permite la ejecución pública de la suerte suprema en las corridas de toros. Esta prohibición existe desde 1836, pero hay una excepción, el pueblito fronterizo de Barrancos, que tiene menos de dos mil habitantes, su dialecto muestra gran influencia castellana, su jamón goza de denominación de origen y su autorización para ofrecer corridas con uso de estoque incluido, fue consagrada legalmente en el año 2002.

•En las corridas a la portuguesa, los pitones del toro se embolan, es decir se recortan y su extremo se recubre con una funda de cuero; no se permite el uso de la pica; el último tercio de la lidia lo ejecutan los forcados, un grupo de ocho hombres cuyo objetivo es inmovilizar al toro a cuerpo limpio y, seguidamente, entran en la arena los cabestros para retirar el animal. A los toreros se les premia con vueltas al ruedo y cuando los toros destacan, es el ganadero quien recorre el redondel.

•Las touradas se iniciaron por influencia de sus vecinos peninsulares, pues en 1580, Felipe II anexó Portugal a la monarquía hispánica, bajo la cual permaneció hasta 1668. Ello nos indica que durante más de dos siglos y medio, se celebraron en tierra de Camoes, corridas a la usanza española.

•También en el arte del rejoneo existen diferencias, pues cuando en 1567, el Papa Pio V se lo prohibió a los nobles españoles, la Bula no afectó a Portugal, donde entonces se desarrolló un estilo propio, cuyas diferencias con el español son evidentes hoy en día.

•El rejoneo venezolano ha seguido la escuela portuguesa, a pesar de la influencia que tuvo, a principios de los años treinta, el gran rejoneador cordobés Antonio Cañero, quien hizo gala de su arte en las dos plazas más importantes del país para la época, el Nuevo Circo y la Maestranza, hoy en día, lamentablemente, una inactiva y la otra casi.

•Hasta el siglo XVIII, la parte fundamental de los festejos taurinos eran las suertes a caballo, como alancear toros o picarlos con varas de detener. En estos menesteres destacaban los musulmanes, lo que impulsó a los caballeros cristianos a emularlos e incorporar las suertes a sus festejos. Reyes y Nobles empezaron a cultivar ese arte y los grandes acontecimientos se celebraban alanceando toros.

La pugna por sobresalir condujo a los caballeros a esmerarse en sus destrezas y amoldar a tal efecto sus corceles. Eran hombres corpulentos y necesitaban caballos de alzada, que permitían aguantar mejor la embestida, pues el fin, al alancear la res, era traspasarla de lado a lado.

•En los albores del siglo XVI, empezó a adquirir ímpetu la práctica del rejoneo, ya no se espera al toro y el caballo debe ir a la búsqueda del cornúpeta. No es necesaria tanta corpulencia y la habilidad reemplaza a la fuerza. Ahora el caballo necesita agilidad, intuición y temperamento, por lo que requiere una larga doma y entrenamientos especiales. Los caballeros deben montar a la jineta, es decir estribos cortos y piernas dobladas, pero verticales de la rodilla hacia abajo, lo cual les permite mayor libertad de movimiento y formas más plásticas de rejonear.

•Pero llega el siglo XVIII y la animadversión de Felipe V a lanzas y toros, produjo que la nobleza se retirara gradualmente de estas prácticas y fuera sustituida por varilargueros de extracción popular, los cuales eran apoyados por gente de a pie, cuya habilidad y creatividad ofrecía nuevas y variadas formas de burlar al toro, para contento del público asistente.

•Así empezaron a ganar preponderancia los de a pie, si bien hoy en día, tanto unos como otros, han alcanzado depurados niveles técnicos y artísticos, que nadie podía presagiar a inicios del Arte de la Tauromaquia. Las características de los toros se tratan ahora de programar, con técnicas de ingeniería genética computarizada, para facilitar mayores posibilidades de lucimiento, causando el desconsuelo de taurinos de cepa, quienes añoran la natural fiereza del animal y el entrar a matar a topa carnero.

Eduardo Soto

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