20/9/16

¿Oscurantismo taurino?

En la Europa de principios del siglo XVI, surgió una práctica denominada Oscurantismo Foto: es.slideshare.net

por: Eduardo Soto

Es a contraquerencia que me veo en la obligación de comentar las reflexiones de un joven empresario taurino que, según confiesa, fueron ocasionadas por los tantos escritos sobre la reciente Feria de Tovar. Me siento aludido como aficionado, como tovareño y como persona que, de vez en cuando, emborrona cuartillas con sano interés pedagógico, sin que por ningún motivo pueda considerarse erudito, de solera, ni mucho menos de hueso colorado, especialmente en los tiempos que corren.

Al leer atentamente las reflexiones, no sé por qué me viene al espíritu la Europa de principios del siglo XVI, cuando surgió una práctica denominada Oscurantismo, la cual consistía en tratar deliberadamente de evitar que determinados conocimientos fueran difundidos en la población.

Me cuesta creer, que estemos en presencia de unas reflexiones salpicadas de oscurantismo taurino, menos aun cuando provienen de un egresado universitario. No obstante, al sopesar su contenido, empiezan las dudas, porque deja entrever que el Arte de Cúchares (citado entre comillas y adjetivado con regusto peyorativo), por ser una fiesta no necesita aprenderse ni enseñarse y parecería ignorar principios fundamentales de la tauromaquia, los cuales deben respetarse en todos los cosos, ya sean Maestranzas o Coliseos, independientemente de los encierros que se lidien.

Reflexiones de tal naturaleza, echan un balde de agua fría a los esfuerzos de las distintas escuelas y academias taurinas, las conferencias y seminarios, el asociativismo taurino, los museos, peñas y clubes, la crónica periodística sobre la materia, la literatura y los manuales taurinos, las enciclopedias especializadas e, incluso, las mismísimas cátedras de tauromaquia, como la que tenemos en la Ilustre Universidad de Los Andes. Además, las reflexiones entran en colisión directa con las ideas de una afición como la francesa, quizás la más seria y entendida del mundo, en una de cuyas plazas emblemáticas acaba de triunfar Manolo Vanegas, la cual se preocupa por establecer una Escuela de Aficionados. Todo lo antes mencionado tiene el propósito común de aprender, enseñar y difundir, cada vez más, el arte del toreo.

Con enfoque netamente de empresario, lo cual per se no es reprobable, sino cuando se transmuta en antónimo de aficionado, nos indica que la Fiesta Brava tiene que competir con la tecnología y una serie de actividades recreacionales. Sin embargo, limita la formación de nuevos entendidos al entorno familiar de hijos y nietos, haciendo abstracción que, a veces, se ven impedidos de acceder a la plaza o se encuentran disgregados, a consecuencia de las políticas del actual régimen.

La reflexión para entender a los toros, es también refractaria al raciocinio. ¿Cómo se puede entender algo que no se conoce? Lógicamente, entender presupone un cierto grado de conocimiento sobre la materia, máxime cuando se trata de un arte como el toreo. A no ser que se tenga, un singular conocimiento intuitivo de los toros, al estilo de Joselito El Gallo.

La anécdota citada, parecería obedecer a la idea de recabar solo comentarios laudatorios, más que a cualquier supuesto entendimiento de los toros y tiende a rechazar críticas de antemano, sin importar el carácter constructivo que puedan revestir.

Estamos muy de acuerdo cuando señala, que el respeto hacia los demás es clave. Pues bien, para evitar desmadres, habría que empezar por respetar el propio Arte de Cúchares, las Plazas, los públicos, los aficionados, incluyendo los que han llegado a edad provecta (privilegio que no les es dado a muchos alcanzar), pues todo no puede ser sacrificado en el altar crematístico del negocio taurino.

En cualquier caso, le deseamos mucha suerte en futuros emprendimientos y ojalá no se les ocurra quemar El Cossío.

Eduardo Soto

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