6/4/16

Del trapío y otros asuntos

Toro de la ganadería Prieto de la Cal de pelaje Jabonero. blog cartelestaurinosalborada

por: Eduardo Soto

El trapío no es simplemente cuestión del tamaño de los toros, sino de un conjunto de rasgos externos, actitudes y reacciones, cuya adecuada combinación permite afirmar que un animal reúne las condiciones y presencia necesarias para la lidia. Puede decirse que cada encaste tiene su trapío característico y el aficionado no debe esperar que todos los toros luzcan como el de Osborne, arquetipo clásico del toro de lidia aunque, por supuesto, tampoco debiera conformarse con lo contrario.

Algunos aficionados suelen ser contumaces en confundir trapío con volumen o en sobredimensionar el factor peso en el conjunto de elementos cuya adecuada combinación determina el trapío de un animal.

Las críticas en torno al peso de los toros son las más fáciles y frecuentes, pues no se necesita ser taurino de peso para formularlas. A veces, quienes las emiten buscan revestirse de un barniz de aficionado versado, aunque no sean capaces de opinar sobre otros detalles, a lo mejor más importantes, debido a su poca densidad como taurinos. De todas maneras, el derecho a la crítica es fundamental y debe preservarse.

Se debe tener presente que el trapío es imposible de cuantificar, pues es como la belleza, se aprecia pero no se mide. Por lo tanto siempre habrá una variedad de opiniones sobre las cuales no es fácil ponerse de acuerdo.

El público debe adquirir conciencia y conocimiento de la gama de sensaciones positivas que puede experimentar, las cuales no dependen de las arrobas que tenga un toro sobre los lomos, calificativo que viene definido por la edad y no por el volumen del animal.

La Fiesta Brava en nuestro país mejoraría si todos nos comprometiéramos en una campaña para controlar los abusos. Abuso de los toreros que exigen toros a la carta; abuso de las ganaderías que ofrecen animales impresentables; abuso de las empresas que los compran; abuso de la autoridad taurina que aplica con lenidad el reglamento y abuso del público que insiste en pedir peras al olmo, sabiendo que no es posible.

No me he referido a los cronistas taurinos, pues equivaldría a culpar al cartero de las malas noticias, a pesar de que, por distintos motivos, algunos, a veces, puedan sesgar sus entregas con sinrazones y demasías. Pero no hay duda sobre su relevancia en relación con el tema.

Para iniciar la mejora bastaría que cada sector controlara su propia parcela, de forma tal que al interactuar con las demás involucradas en la actividad taurina, posibilite un saludable efecto generalizado, permita sincerar situaciones, prevenir malos entendidos o, al menos, pueda servir para asignar con justicia culpabilidades.

Me parece que parte importante del problema reside en la creciente frustración del público que se siente defraudado por una realidad que no corresponde a lo anunciado. Tal percepción puede ser acertada o errada pero existe y hay que tomarla en cuenta.

El peso y la edad parecerían ser los elementos alrededor de los cuales gravita la atención de nuestro público taurino, al que se debería tratar de complacer en el grado que las circunstancias lo permitan.

En relación con el peso, debiera existir la práctica de darlo a conocer, pública y anticipadamente, pues cuando se anuncia solamente en el cartel, momentos antes de la salida de cada ejemplar, se coloca al público ante un hecho cumplido y se propicia entonces las explicables reacciones de malestar, en especial cuando hay discrepancia evidente entro lo anunciado y el peso del animal que está en el ruedo.

En todo caso y de manera Independiente de la importancia que pueda tener, es necesario erradicar el tabú con relación al peso de los toros. Hay que actuar con transparencia y anunciar con antelación lo que realmente va a presentarse, para que el público sepa, a ciencia cierta, a qué atenerse.

En relación con la edad, la manera de prevenir abusos sería la estricta aplicación del reglamento, que a veces ni se acata ni se cumple. También existe la fotografía post mortem de la dentición del animal y su inmediato puesta a disposición del público interesado. Aunque la verdadera solución radica en lograr la obligatoriedad del guarismo con la fecha de nacimiento de la res, pero esto pertenece a un capítulo importante, todavía por escribirse en la Fiesta Brava del país.

Estamos en el momento más adecuado para poner a punto las medidas necesarias para el control de abusos, pues las fechas feriales están a meses de distancia. Se debe no solo actuar sino dar a conocer de manera sistemática lo actuado, pues la falta de información produce especulación.

Concluyo sin espíritu polémico, sin pretender ser dueño de verdad alguna y sin muchas esperanzas sobre el eco de estas líneas, por cuya extensión pido disculpas, pues nunca se sabe hasta dónde puede llegar la audacia del ignaro en estas lides.

Eduardo Soto

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