25/3/16

El Sobresaliente

Su actuación es crítica pues, si los titulares del cartel quedan imposibilitados de continuar la lidia, le corresponde despachar los toros. Oleo: artelista.com

por: Eduardo Soto

El Sobresaliente es un torero poco conocido que hace también el paseíllo y su presencia es obligatoria en corridas mano a mano o en solitario. Su actuación es crítica pues, si los titulares del cartel quedan imposibilitados de continuar la lidia, le corresponde despachar los toros y si también sufre percance, la autoridad dará entonces por terminado el festejo.

Este torero de reserva, cuyo nombre figura en el cartel con caracteres más pequeños, debe ser matador o novillero, según sea el caso. A veces ha sucedido que han tenido triunfos, como ocurrió cuando el intento de Antonio Bienvenida en 1960, de torear dos corridas en solitario el mismo día en Las Ventas. Aconteció que el Maestro cuando lidiaba el tercer toro de la segunda corrida, sufrió una serie de calambres en las piernas consecuencia de cornadas anteriores, no pudo continuar la lidia y la segunda mitad del festejo la mató el sobresaliente, el extremeño Antonio Mahillo. Bienvenida escuchó palmas en sus tres toros, pero el de Cáceres dio vuelta al ruedo en el último. Por cierto, Mahillo es padre de Manuel Ruíz “Manili”, puerta grande en San Isidro 1988, de gran actuación esa tarde frente a un serio encierro de miuras.

Otras veces hay que suspender el festejo por percances de los matadores y el sobresaliente. Tal situación ocurrió también en Las Ventas en 1975, cuando los alternantes del mano a mano, Francisco Ruiz Miguel y Antonio José Galán, no pudieron continuar ni tampoco pudo Julián de Mata, torero murciano que figuraba de sobresaliente.

Por cierto, vale la pena extenderse un poco sobre el caso. El encierro era de Alonso Moreno y sus Urcola, remendado con un toro de Jaral de la Mira, origen Baltasar Ibán, que saldría de último. Ocurrió que Ruíz Miguel fue herido en el tercero y Galán en el quinto y la responsabilidad recayó en Julián, quien quiso ser torero, trabajaba de taxista, pero aún mantenía su credencial. Se enfrentó al toro sin tener sitio, recursos ni oficio, lo mató como pudo, pero todavía quedaba otro en chiqueros. El breve trasteo de Julián evidenció que no estaba en condiciones de lidiar ese tipo de toros y se presentía tragedia. El público pidió al presidente de la corrida que eximiera al sobresaliente de cumplir con su responsabilidad y diera por terminado el festejo. Jaime Ostos desde el tendido pidió que no se lidiara el burel y otro matador, Sánchez Simón, saltó al ruedo para matar el toro, pero fue detenido por ser considerado espontáneo a pesar de su carnet profesional. No hubo nada qué hacer, el presidente fue inflexible, el reglamento se aplicó a rajatabla, Julián recibió una de las cornadas más graves que se hayan visto en Las Ventas y el toro de Jaral no murió en la arena y tuvo que ser apuntillado en los corrales de la plaza. La rigurosidad también debiera tener sus límites.

Otra situación que ha podido tener consecuencias similares ocurrió en el hidrocálido coso de San Marcos, durante una novillada mano a mano entre José Tomás y Pedro Montes en 1992, cuando el segundo novillo mandó a los dos a la enfermería. El sobresaliente era Salvador Mora “El Ratón”, con apenas un par de corridas, pero el empresario, al ver los problemas que tuvo para matar el fiero novillo, hizo vestir de luces a Raúl Vera “El Gama”, torero que se encontraba en el tendido y entre ambos pudieron despachar el resto del fuerte y encastado encierro de Torrecillas.

Incidentes como estos deben hacer recapacitar sobre los requisitos mínimos y la preparación exigible para ser sobresalientes; pues, al parecer, Julián de Mata ni siquiera había tomado alternativa. Estos casos demuestran que se debe utilizar como sobresaliente a toreros capaces de cumplir las tareas que eventualmente les puede tocar desempeñar.

El Reglamento Taurino de Mérida, prevé el uso del sobresaliente y, en el caso de rejoneadores, se especifica que al segundo aviso deberá echar pie a tierra y entrar a matar o dar paso al sobresaliente. La res debe liquidarse en tres minutos, pues de lo contrario, se tocará el tercer aviso, el toro será devuelto a los corrales y, por supuesto, no tendrá trofeo el rejoneador que no haya podido culminar la suerte suprema desde su cabalgadura.

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