21/3/16

Consideraciones Taurogalénicas

El pasado viernes 18/03 triunfó nuestro galeno novillero, sea pues esta ocasión propicia para tributar sencillo homenaje de consideración y aprecio a los médicos en general. Foto: Dr. Tuto Suàrez - foto: Juan Fajardo

por: Eduardo Soto

En vísperas de una corrida de toros, el médico de una plaza de boyante economía, harto de trabajar gratis, advirtió al empresario: “Si no me paga lo que me debe no cuente conmigo, búsquese otro”.

El empresario se encogió de hombros, pero al día siguiente, ni corto ni perezoso, llamó un médico de familia, ya jubilado, ni cirujano ni aficionado y le dijo: “Doctor, lo invito a los toros. Aquí tiene su entrada al burladero de médicos”. El galeno, agradecido por la invitación, se fue a la corrida sin sospechar lo que le esperaba. Esa tarde resultó herido un joven torero, quien angustiado le dijo al Doctor “Cúreme bien para que pueda volver a torear cuanto antes. Es la primera vez que me cornea un toro”. El viejo médico le contestó flemático: “No te preocupes, no eres el único nuevo en estas lides. También es la primera cornada que veo en mi vida”.

Se trata de una anécdota esdrújula o sea verídica, folklórica, dramática, algo cómica y, seguramente por la veteranía del doctor, no fue ni catastrófica ni trágica, mucho menos póstuma o fúnebre.

En todo caso, lo cierto es que ninguna otra profesión de riesgo cuenta con asistencia precoz in situ y los toreros tienen por los médicos genuina adoración. Los galenos taurinos tienen que ser verdaderos aficionados porque de su conocimiento de las suertes del toreo depende, muchas veces, una asistencia más eficaz y porque ningún cirujano se ha hecho rico con la actividad taurina.

Un médico taurino debe tomar en cuenta hasta el orden de lidia, por cuanto las lesiones ocurridas en la primera mitad de la corrida deben ser atendidas con toda eficacia pero con debida premura, pues las instalaciones deben quedar disponibles en el menor tiempo posible, para el caso de percances que puedan presentarse en la segunda mitad del festejo.

Las suertes más expuestas son de las más bellas: La Larga Cambiada, la Verónica, el Natural y, por supuesto, con mucho la Suerte Suprema. Pero existen otros factores que potencian el riesgo como la proximidad al toro, el tiempo de exposición, el cargar la suerte, la falta de mando y temple, el citar de frente o los intentos de incorporación tras un derribo, pues si el toro vuelve a acometer puede sorprender al torero a gatas o de rodillas. Además, en el toreo moderno se dan muchos pases con las zapatillas clavadas en la arena, adelantando la pierna contraria o con las manos bajas, lo cual es más expuesto que el toreo por piernas o con la muleta a media altura, justificable en caso de toros escasos de fuerza.

La desconfianza, la inexperiencia, las dudas, la impericia y la carencia de facultades dan pie a percances en la medida que el toro se avisa, desparrama la vista o se aquerencia. Una lidia desordenada, con abundantes capotazos y a destiempo, provoca más riesgo y hay tanto más riesgo cuanto peor es la lidia.

El público debería estar en capacidad de justipreciar el mérito relativo de los pases. A veces nuestros tendidos deliran cuando el matador con la muleta en la cara del toro, gira manteniendo el otro brazo sobre los lomos del cornúpeta, con lo cual su cuerpo permanece a resguardo detrás de los pitones con mínima exposición. Caso similar sucede con las Navarras, cuyo riesgo está en tener la serenidad para girar sin prisas con el toro a la espalda, la gracia del pase está en los movimientos del torero, pues la mayor parte se ejecuta fuera de pitón. La Navarra hace lucir a toreros con garbo, pero sucede lo contrario con quienes no poseen tal atributo.

Existen también los imponderables como el derribo de un piquero y la presencia numerosa de monosabios en la arena, la huida de un toro suelto del caballo, el salto de un espontáneo o el de un toro al callejón, que incrementan el riesgo, especialmente en los nuestro atiborrados de gente, mucha deambulando sin ubicación determinada.

No puede olvidarse tampoco factores de riesgo como las condiciones atmosféricas, en particular el viento, mayor enemigo de los toreros, la lluvia, el barro, el piso de la plaza que a veces puede ser irregular, mal alisado o pateado por caballos y producir resbalones a los lidiadores.

Hay que considerar también el entorno o clima de la corrida, que viene dado por la categoría de la plaza, la importancia del festejo, la crítica a veces feroz del público, la presencia de la prensa y la televisión, las cuales estimulan a los diestros a aumentar sus alardes y su exposición al peligro.

El médico de plaza está obligado a emitir un Parte Facultativo, muchas veces en condiciones desfavorables de tiempo y lugar. Se trata de un pronóstico evolutivo de la lesión, para las autoridades taurinas, la prensa, la afición, el propio torero, sus familiares, mentores y apoderados.

Muchas veces se dice que no se sabe de qué material están hechos los toreros pues, en ocasiones, se producen incongruencias entre un pronóstico grave y una milagrosa reaparición en breve tiempo. Hay que pensar que el diestro tiene a favor su salud, su edad y su buena forma física, condiciones a la que se añade un importante factor psíquico que le hace desear su reaparición con todas sus energías.

Existe una historia ilustrativa al respecto. Un torero gravemente herido en la axila con gran hemorragia que precisó transfusión de sangre, fue intervenido en la plaza e ingresado en una clínica, manifestó el deseo de que se le diera de alta en seis días, pues tenía que cumplir un contrato. Se le indicó que debía permanecer al menos dos semanas y como medida preventiva se le desnudó totalmente y se guardó su ropa bajo llave. Pero aconteció que al sexto día sedujo una enfermera, recuperó su ropa y se escapó con ella del brazo. Así son las cosas con los toreros.

Hace más de una semana que se celebró el Día del Médico y el viernes pasado triunfó nuestro galeno novillero, sea pues esta ocasión propicia para tributar sencillo homenaje de consideración y aprecio a los médicos en general, a los taurinos en particular y, especialmente, a todos los que forman parte de los equipos médicos de nuestras plazas de toros.

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