1/2/16

Enrique Ponce: Maestro por siempre

El maestro Enrique Ponce bordó el toreo a un sobrero de el Capiro de Son Son , “Difamado”, una clase magistral suficiente para recibir dos orejas y salir a hombros. (Foto/ Jorge Castellanos - Diario La Nación)

tomado de Diario La Nación - por: Homero Duarte Corona - 1 febrero, 2016

Enrique Ponce maestro por siempre.

El diestro español, respaldado por su fina muleta, arte y don de torero, ratificó una vez más en el redondel de la Monumental Plaza de Toros de Pueblo Nuevo, todo lo que lleva intrínseco el ritual de la tauromaquia.

La paciencia de Job y la sabiduría que le han dado los tantos años vestido de luces, fueron los grandes aliados del torero valenciano: su primer toro “Fandango”, del hierro de Rancho Grande no dio juego para la lidia, fue devuelto al corral; y su segundo, el cuarto de la tarde, de la misma ganadería, tampoco fue su mejor aliado, no le pegó ni siquiera un pase, astado manso de solemnidad, que lo obligó a despacharlo de un espadazo.

No se podía ir con las manos vacías el maestro español, un sobrero de El Capiro de Son Son, “Difamado”, de 460 kilos, y su fina muleta cambió el bostezo por el grito de: torero, torero, torero en los tendidos. Poco a poco, con temple y calidad fue haciendo al toro hasta meterlo en su fina muleta y dictar una cátedra de buen torero, como solo él y los grandes de la torería universal lo saben hacer.

Una estocada sin puntilla fue el complemento del trabajo con la pañosa, para ganarse par de trofeos, mantener ese embrujo con la afición tachirense, hartamente conocedora de todo lo que lleva dentro este sobrio, fino y señor torero.

No tiene desperdicio un diestro de la talla de Enrique Ponce, su don de maestro del arte de Cúchares lo saca relucir cada vez que sale vestido de luces en cualquier plaza del mundo, se justifica una y mil veces, jamás defrauda al soberano.



César Valencia, sabe torear y le sobran ganas y voluntad


El carabobeño César Valencia, enseñó arte, entrega y profesionalismo con los dos toros que enfrentó. (Foto/ Jorge Castellanos)


Este joven diestro carabobeño tiene méritos de sobra, profesional a carta cabal, con la capa, también con los garapullos e igual en la labor de muleta, solo que en este cierre de feria, poco o nada pudo hacer con los dos toros de “El Prado”, dieron poco juego para la lidia.

En el primer toro, “Arlequín” se lució con los garapullos, dos pares en todo lo alto y un tercer par sentado sobre una silla, ganándose el aplauso. Muy poco con la muleta, ni por el pitón derecho, tampoco por la izquierda hubo la respuesta de un animal que no humillaba, tardo y sin recorrido.

La entrega, valor y el querer mostrarse ante la afición llevó a Valencia a pegarle muchos pases por la derecha, también por naturales a “Rumboso”, pero no le salían limpios, pues al frente tenía a un enemigo bronco y áspero. Un espadazo completo mató al toro, para una fuerte petición de oreja del público, que la mereció por su entrega, pero no fue concedida por la presidencia.



Una oreja para Roca Rey


Andrés Roca Rey de nuevo ratificó su clase pese su juventud, para obtener una oreja a su segundo toro.(Foto/ Jorge Castellanos)



Por segundo día consecutivo este jovencito, de gran repertorio y hechuras con la muleta, logró un trofeo en su segundo toro, que sin tener los dones de un astado que se preste para la lidia, el diestro peruano logró una faena de mucho mérito para finalmente recibir como premio un auricular. La autoridad le concedió el premio por todo su empeño, la cuarta que obtuvo en su debut en la Feria Internacional de San Sebastián.

Concluyó la edición 2016 de la Fiss, muy distinta a las celebradas en los años 2014 y 2015, en esta ocasión apenas hubo un lleno en la Monumental de Pueblo Nuevo, el día sábado; el miércoles un poco más de un cuarto y los otros tres días media entrada en cada tarde.

En las dos ediciones anteriores los toros españoles se llevaron los premios, y este año le correspondió a la ganadería colombiana de El Capiro de Son Son. De nuevo los hierros nacionales quedan mal parados, inferiores a las ganaderías de la “Madre Patria” y también de la república hermana.

Homero Duarte Corona

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