19/10/15

Cesar Girón sigue siendo el gran torero americano

La última y premonitoria tarde con Luis Miguel Dominguín y Antonio Bienvenida en la monumental de Valencia. cuatro meses después fallecía. Foto Archivo

* A 44 años de su desaparición

por: Jesús Ramírez “El Tato”

Los tres hermanos Girón, César, Curro y Efraín, se habían reunido el martes 19 de octubre de 1.971 desde horas meridianas en el restaurante “El Portón” de la capital de la República junto a Rafael Felice Castillo, gran amigo de César. Allí se abrazaron fraternalmente luego de un largo distanciamiento familiar y ¡cruel destino!!!...se unieron para no verse más nunca, porque tras la reconciliación, el más grande torero americano, encontraría la muerte en el kilómetro 73 de la autopista Regional del Centro a la altura de Las Tejerías, cuando se dirigía hacia su residencia de Maracay.

La noticia se expandió como reguero de pólvora llenando el país de las más contradictorias versiones. Inmediatamente la ciudad de Maracay se volcó en el antiguo Hospital Civil de la avenida Miranda, donde habían ingresado a César tras colisionar el pequeño vehículo europeo con la parte trasera de un camión estacionado en el hombrillo.


NADIE ENTENDIO SU PREMATURO RETIRO

De luto quedaba la afición. El creador había dispuesto un final distinto para quien desafió la muerte con gallardía, temple, serenidad e inteligencia. Se marchaba así de manera abrupta el César de los toreros que abrió caminos y acortó distancias entre la gloria del triunfo y el sacrificio por ser figura del toreo.

De todos es conocido que César recorrió el mundo de triunfo en triunfo y tras su prematuro retiro en el Nuevo Circo de Caracas en 1.966, recibió innumerables homenajes oficiales y privados en todo el país. Nadie se explicaba aún el porque de aquella despedida en plenitud de condiciones físicas.


SIN FORTUNA EN LOS NEGOCIOS

Olvidado del traje de luces, César entró al mundo de los negocios sin mayor fortuna. Amigos como el doctor José Antonio Pérez Díaz y su primo César Perdomo Girón le asesoraban, pero César imponía su forma tozuda, avalado por su personalidad inquebrantable.

Tras obtener experiencia en España en la administración de una plaza de toros, decide repetir el paso en Venezuela, arrendando la monumental del Valencia, en cuyas diligencias andaba en Caracas el fatídico 19 de octubre del 71. Había perdido fuertes sumas de dinero, pero se estaba recuperando, ya que las dos corridas del sesquicentenario de la Batalla de Carabobo organizadas en junio de ese año le habían producido notable ganancia económica.


FERIA DE LA NARANJA EN AMASIJO DE HIERROS

En ese momento tenía la vista y organización puesta en la Feria de la Naranja, pero sus esfuerzos e intenciones se truncaron con su muerte en la autopista. En medio del amasijo de hierros quedaban tantos sueños e ilusiones de empresario de César Girón.

César siempre fue motivo de polémica. Cuando daba sus primeros pasos firmes en la profesión, los sesudos analistas o lideres de opinión el toreo, que nunca falta, le endilgaban el calificativo de torero vulgar y atlético y además sin consistencia. Por ello muchos no aceptaban sus convincentes triunfos en Sevilla, Madrid, Barcelona, Lima, Bogotá y México, para citar solo algunos lugares de envergadura e importancia donde se le entregaron sin reservas al venezolano.



ORGULLO DINASTICO

Ocurría que César se fraguó seriamente como novillero, a brazo partido en todas las plazas y una vez que asumió el grado superior en Barcelona, pulió su valor natural e impuso el orgullo dinástico que fue cuajando esplendorosamente con corridas que otros toreros con aires de figura rechazaban. Entre sus virtudes, César portó hasta el final de sus días, el orgullo para pelar y conquistar las palmas y el valor sereno para mover con seguridad y soltura el capote y una muleta con la que bajaba la mano y se plantaba firme a milímetros de los pitones.

El fundador de la dinastía, buscó siempre la parte gallarda y arrogante de la expresión torera, tomando su oficio como un reto histórico y heroico de aplastante verdad. Con el paso del tiempo fue atemperando esa fogosidad de sus inicios, cuando en sus faenas, siempre bien medidas, eran habituales los momentos de riesgo angustiante.


VIVIO EN GRANDEZA DE TORERO

Sus mejores tiempos de profesional, los vivió con grandeza, se codeó con presidentes de República, iba de caza con el generalísimo Francisco Franco, compartía la mesa con el general Marcos Pérez Jiménez, poetas e intelectuales lo aceptaban en sus círculos, el jet set caraqueño tan oligárquico, lo cobijó y también sintió sus irreverencias.

La Última corrida de César Girón, no podía ser mas premonitoria de una despedida triunfal. Nada menos que cuatro orejas al lado de los maestros Luis Miguel Dominguín y Antonio Bienvenida. Ese día parecía un novillero afanoso de gloria y fama. Nadie imaginaba que sería la última tarde de su vida, imborrable en la historia de la monumental, por haberle cortado las cuatro orejas a los toros mexicanos de Reyes Huerta, en presencia del Presidente de la República, Rafael Caldera.
A hombros salió de la plaza que tenía arrendada con gran ilusión. En los arreboles de la sabatina tarde, solo Dios conocía la triunfal despedida. El propio César aseguraba que la faena del sexto estaba entre las mejores de su vida. Esa vida, segada por el puñal traicionero del toro en la autopista.


TRAGICA NOCHE

Cuando muere César Girón la noche del martes 19 de octubre de 1.971, aniversario luctuoso que hoy recordamos, ya había hecho lo que ningún otro torero americano había logrado, universalizar el toreo.

Hoy al recordarlo, queremos reconocer su presencia, su vigencia en época de crisis, porque nadie más que él, supo crecerse ante las más adversas circunstancias y criticas. Su carácter indómito fue respetado cuando otros se dejaban llevar por la avalancha del conformismo enfermizo.
A 44 años de su trágico destino, recordamos su gloriosa trayectoria sin la ofuscación inmediata del suceso trágico y las cifras estadísticas que muchas veces opacan el criterio. Lo recordamos por sus gestas y gestos que abrieron caminos de esperanza y sembraron el fruto de la entrega y el valor. Su ejemplo…sigue vivo.


Dispuesto para el paseíllo en la plaza de toros portátil instalada en la Concordia (foto archivo “El Tato”

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