19/2/15

Mèrida/Ultima de Feria: Apoteósico indulto de Javier Castaño

Foto: Lewis Sánchez

* Cierre de feria con broche dorado

Fotos: Lewis Sánchez

por: Eduardo Ravell

Son muchos los aficionados que piensan que por ser Martes de Carnaval no pasa nada por ser la última; pero el viejo refrán dice que los “últimos serán los mejores“; y en efecto eso ha acontecido en la corrida que ha puesto punto y final a la feria del Sol enmarcada en el único carnaval taurino de América en su edición 46.

Tarde con cielo andaluz, abierto como los grandes paseíllos de la Monumental azteca aunque con apenas medio aforo y con brisa que nunca dejó de entorpecer el oficio de cada tercio. Encierro de ocho toros mas un último de sobrero de Los Ramírez: cuatro bureles de Los Aránguez y cuatro de La Cruz de Hierro: Corrida de cierre bien presentada por ambos hierros donde el diestro ibérico Javier Castaño debutó con terno de Azul Marino y Oro ante “Oloroso“ con 458 kilos del hierro caroreño de Ramírez Avendaño. Palmas.
En su segundo, “Viudo Alegre“ con 450 kilos lo exprimió hasta que colocó la guinda que le faltaba a esta feria. Pases de todas las facturas, por ambos pitones; fue un toro de pintura, de pinceladas por su bravura, casta y aunque es un toro estrecho de sienes, trasmitió con motor, excelente recorrido; Castaño lo brindó al soberano por el compromiso que traía desde la Feria de San Sebastiàn donde lo vimos e incluso le entrevistamos ante su debut en Mérida. Javier Castaño es un diestro que tiene rodaje ante las corridas más duras en la temporada europea y con un oficio en rodillas que engalana la tauromaquia.

Javier enloqueció la plaza toreando a gusto por circulares; sin olvidar su oficio con la silla en el estribo del burladero dos que nos hizo recordar al gran Bernardo Valencia. Nos dijo en entrevista exclusiva, en pleno callejón, Pedro Echenagusia que en el año 1999 fue el sevillano Tomás Campuzano quien indultó a otro “Viudo Alegre“ a lo que agregamos que los tiempos de Dios son arte y tauromaquia y aquí está el fruto desde las dehesas donde se padrea. Ha sido el indulto más apoteósico de esta feria engalanada entre América y España.

La Cruz de Hierro ha enviado un encierro de ensueño. Tenían razón los de Ramguertauro cuando apostaron por la cabaña brava nacional. El delirio en frenesí se apoderó de la media plaza que no lo podía creer. Su nombre Javier Castaño para que no lo pierdan de vista que seguro repite pal 2016.

El espada merideño Leonardo Rivera, de Blanco y Plata con remates en turquesa, ha vuelto por su oficio y ante un gran toro “Quitapesares“ con 492 kilos; ha cortado una oreja a ley tras su repertorio de escuela azteca; aunque el poco rodaje le impide mayor escenario.
En su segundo “Decimal“ de 469 kilos, careto y girón; por naturales, música y en la espada perdió la Puerta Grande.

El espigado sevillano Esaú Fernández, palmas y palmas ante su voluntad de agradar con buen oficio pero sin mayor suerte en gran debut. Regaló un sobrero: “Arenero“ de Los Ramírez que voló al callejón donde cundió el pánico. El oficio de Esaú, de Marfil y Oro con cabos negros, se hizo presente y cortó orejota llevándose en el corazón a la noble afición emeritense y sus turistas.

Jonathan Guillén, de Verde Botella y Oro, agradó y conectó con el soberano ante la falta de rodaje pero dejando muy en alto su voluntad, su personalidad y sobre todo su responsabilidad ante un voto de confianza de gran cartel de cierre. La espada le negó tocar pelo, éxitos por su
empeño y quienes seguimos esperanzados en él.

Dios está con arte y Sol dorado y es taurino.

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