24/7/11

En la triunfal reaparición de José Tomás, Saldívar sale por la puerta grande

En Valencia... en la triunfal reaparición de José Tomás, Saldívar sale por la puerta grande.

por: José Mata - tomado de toroestoro.com

[José Mata] Ante un lleno a reventar en la plaza de toros de Valencia, España, incluso, quedándose miles de personas afuera, se ha lidiado un encierro correctamente presentado, aunque manso y débil de El Pilar.

Víctor Puerto: Saludó en el tercio y ovación.

José Tomás: Saludó en el tercio y una oreja con fortísima petición de la segunda.

Arturo Saldívar: Oreja y oreja.


Detalles:

José Tomás reapareció con el toro de nombre Burreñito y su segundo llamó Dulcero.

Arturo Saldívar salió por la puerta grande.

Incidencias:

Antes de iniciar nuestro comentario, elevamos nuestro reclamo por el trato por demás injusto y majadero, del que fue objeto por parte de los "acomodadores" de la plaza de Valencia, nuestra ilustre compañera, la gran fotógrafa y excelente escritora Muriel Feiner. Ojalá y no vuelva a pasar un momento tan desolador, ni a ella ni a nadie.

José Tomás sufre de posible fractura en el brazo derecho, pasará a revisión.

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Y llegó el día en que todo el mundo taurino nos reunimos en Valencia para ser testigos del regreso del mito, del toreo que se ha hecho leyenda... José Tomás, y aunque fue triunfal la reaparición, estridentemente triunfal, vítores durante todo el festejo, estruendosas ovaciones desde que ha partido plaza, hasta que le obligaron acercarse al tercio con el fin de tributarle otra estentórea batería de júbilo, debo decirlo, incluso hasta con cierta pena... me ha dejado cierto grado de conmiseración en lo personal.
Un hombre que de por sí ya lucía excesivamente delgado, con una efigie tan preocupantemente anémica, ahora ha reducido todavía más y su color casi transparente tiende a mostrar una triste figura.
El brindis del toro de la reaparición, a los médicos que le han salvado la vida en Aguascalientes, también se llevó sonora ovación.

Ha estado correcto, dejando brillantísimos episodios en su primer enemigo, sobre todo con la mano diestra, no se podía más, porque el indecente encierro que envió el ganadero de El Pilar, además de su mansedumbre y falta de casta, no daba para más; bueno, sí, para la inadmisible debilidad, y tuvo que irle cuidando hasta extraerle series con la derecha que hicieron aparecer el ensordecedor ¡olé!, que inundó de interminable entusiasmo a los tendidos. Lastima grande que estuvo mal con la espada, porque de lo contrario, la gente en verdad que le quería dar desde el principio las dos orejas para izarlo desde ya triunfador. Es el cariño y el respeto que ha sembrado, y ahora lo cosecha por toneladas.
Con su segundo, después del quite, apareció la media gaonera que ya ha sistematizado, quitándole la majestad del farol, y quedar así en posición de hacer el quite en su más pura concepción, la gente se arrebató por lo cerca que pasó el astado, y por lo terso que resultó en su conjunto.

Nuevamente in crescendo iba todo, el brindis a todo el respetable, y… a citar en los medios, cuando el toro arrancó para acudir a la cita, quedó atravesado en su camino el torero de Galapagar, y necesariamente tenía que ser atropellado por ese ferrocarril, y entonces el arropón fue tremendo, espantoso, todos temimos lo peor, porque pon unos segundos quedó inerte en la arena, tuvieron que venir las asistencias para ayudarle a incorporarse, y entonces vimos a un José Tomás sumido en la indefensión, el héroe, el mito, había sido convertido por el dios toro en hombre terrenal, y se vio entonces que dolió y mucho lo sucedido, pero más –en medio de la impotencia- estaba doliendo el amor propio, e inmerso en un estado de choque, salió nuevamente José Tomás a proseguir su propuesta.

Fue emotivo, porque si bien es cierto que las series escritas en el redondel fuero armónicas, la intensidad del reconocimiento tuvo matices mayores, por la notable admiración que le sustenta al artista, y por ello, después de certera estocada que ha sido su rúbrica, la vox populi exigía las dos orejas, porque era necesario, según el pensar de la asistencia, que la reaparición fuera absolutamente clamorosa, y la salida por la puerta grande, era su mejor trofeo.

No… no fue así, el presidente del festejo, con rotundidad, a pesar de la ensordecedora petición que parecía nunca concluir, sólo autorizó una oreja, que ha sido la que acabó paseando por el redondel acompañado de los vítores del gran público que hizo más que un entradón, la entrega del corazón mismo a su héroe.

Y… ahí estaba el mexicano… el jalisciense nacido en Ojuelos, avecindado en Aguascalientes, Arturo Saldívar.

¡Sí!, ahí estaba y ha hecho notar a perfección, porque tenía que estar… ¡ahí!

Salió a ofrendar hasta la vida misma desde los quites en los toros del Maestro de Galapagar, que fueron reconocidos con absoluta admiración, hasta sus dos propuestas trazadas con buen gusto, inobjetable valentía y un aire renovador que dio luz al futuro inmediato de la Fiesta.

Con la capichuela, con su primero entusiastas verónicas con calidad, sí aunque el evidente nerviosismo deambulaba al inicio, queriendo hacer todo, y al final, consiguiendo su objetivo. La faena tras ser brindada al cónclave, comenzó con pases templados, que fueron muestra inobjetable de su clase como buen torero que es, teniendo un breve nubarrón, cuando perdió la cara del astado, le dio la espalda y estuvo a punto de pasar lo peor; por fortuna no ocurrió, y consiguió estructura una faena nutrida por ese aire renovador, la valentía evidente, y la armonía que tuvieron las formas con las del contenido, cautivando así al público ahí reunido, que una vez rubricada su creación, decidió coronarla con un trofeo que izó jubiloso.

Ya tenía una hoja de la puerta grande abierta, y este espigado mexicano, paisano, se fue por todas en el que cerraba plaza. La gente no se movió porque deseaba verle triunfar. Y volvió a lucir con el capote, volvió aparecer un quite ahora por saltilleras, tan ajustado, que provocó los gritos de reconocimiento de los convocados. Ya con la tela roja, tras brindarle al Gobernador de Aguascalientes, hicieron acto de presencia después de citar en los medios de largo al toro y pasárselo embraguetado, como si fuera una columna griega… aparecieron dos series con la derecha, que en verdad cimbraron la plaza, y su valor sin tasa ni medida, su voluntad a raudales, ese espíritu que comienza a vivir y se ha conformado en imbatible, a pesar de haber excedido la faena en dos series, la gente tras el espadazo que dejó, exigió la otra oreja, que le abrió de par en par la puerta grande, y entonces, el júbilo reventó todavía más… si cabe, en una plaza que estaba irremediablemente entregada al torero y al toreo mexicano.

No ha estado nada mal el madrileño Víctor Puerto, sólo que pechó con el peor lote. Con su primero dejó bellos lances a la verónica. Y una faena iniciada espectacularmente de hinojos con pases derechistas que impactaron al respetable, la propuesta estuvo bien construida, sólo que al final no ha estado fino con el acero, y se le fue seguramente un premio. En donde nada pudo hacer, fue con el imposible cuarto. Víctor hizo todo hasta lo indecible, pero cuando un toro es tan malo como el que le correspondió, pues todo queda en las buenas intenciones que le fueron aplaudidas.

Al final, el Maestro de Galapagar salió a pié, pero con el sonoro… estentóreo reconocimiento, y según nos dicen, el tremendo arropón le trajo una posible fractura en el brazo derecho; mientras que el paisano… Arturo Saldívar, ha salido en medio de los vítores, en hombros y… ¡por la puerta grande!

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